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LETRAS, ARTES. CIENCIAS LOS P K I M B R O S CA TOS D E ALAKCON P Ü B R O N PARA ESA VEGA BSPIÍENDOHOSA QÜB SB DOMINA D E S D E E L B E L L Í S I M O PASEO D E LA CATEDRAL D H S U P U E B L O E N C U T A C R U Z CON LA COMPAÑÍA D E S U S AMIGOS TARRAGO X REQUENA, PALIABA EL AHOGO DE UN MEDIO RAMPLÓN Y EGOÍSTA que ella desempeñaba el papel de protag- onista. Alarcón, al calor de sus endecasílabos, sintió irse operando la mutación, y las coronas de laurel que le eran ofrecidas sólo las ansiaba el novel dramaturgo para ofrendarlas a aquella mujer, alma toda de su arte. Al morir ella, él escribió en su memoria las necrológicas estrofas de Las nubes, dejándose entrever su estado de ánimo en un soneto escrito por entonces, de versos escépticos en nota elevada, que dejan fría el alma, dedicado a Soler de la Fuente, poete de triste canto: en quien Alárcón buscaría la similitud psicológica, como causan terror los tonos de elegía de los comentarios en prosa que puso a Las nubes, al reeditarlas veinte arlos más farde. Todo parece afirmar que aquel cariño no fué pasajero capricho de juventud, sino que, por el contrario, quedó hondamente prendido en lo más hondo del corazón. ¿Qué más que el hecho tan significativo de que D. Pedro Antonio, quemara todos los escritos juveniles menos Las nubes? ¿Qué si no un recuerdo fervoroso supone ese respeto incluso al dar a sus obras la forma definitiva de completas? Y es indi sticufible que Alarcóh fué un modelo de esposos y de padres. Pero como ha de aspirarse el perfume sin destruir la flor, sometiéndola a cruel análisis, según consejo del propio D. Pe- dro, el afán de investigar tiene límite en el respeto que exige la discreción. Pasadas las Navidades de 1853, y convencidos cada día más sus familiares de sus dotes y aficiones, le dejan ir a vivir a Granada. Eran los tiempos florecientes de la famosa Cnerda (granadina; Alarcón esperaba a saborear las primeras victorias. ENVÍO Al evocar el recuerdo de D. Pedro Antonio de Alarcón sea con memoria de juventud- -casi niñez- quitando todo aire de polémica doctrinal o de crítica que reviva su dolor de aquellos días, en que ¡a conjiiracién del silencio lo impuso a la pluma maestra de que acababa de salir La pródiga. En la justa empresa de su homenaje- -de la que Luca de Tena, NataUo Rivas y Falla son los caudillos, y a quienes con toda devoción envío estas nota -no puede faltar cuando el maestro hizo las primeras armas para la lucha. Ojalá haya logrado darles vida mi más fervorosa admiración por el glorioso autor de El sowhrero de tres picos T afael Carrasco. (FOTOS VALVERDE)