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LETRAS, ARTES, CIENCIAS EDIÍ ICIO ANTIGUO DEL SEMIXAKIO DE GUADIX (HOY COLEGIO P Í R T I C I J L A R) DE LOS A. OS ESTUDIAXTII. BS DE AI. AKCON BSCENARTO mucrita, como él llamó a los originales literarios que formaban parte de su equipaje, y entre los que estaban el borrador de El final de Norma y parte de su continuación del Diablo mundo, que había comenzado en Guadix en 185,1 y que, terminada ahora, contaba en total unos dos mil versos. La publicación de otra, de que era autor Miguel de los Santos Alvarez, originó Que Alarcón no encontrara editor para la suya; quemó el mamotreto y consoló su mala estrella en el Real; por entonces el teatro era una de las grandes pasiones de su vida. En una carta a su cuñado Enrique Argüeta, su único confidente entonces, se gloría de haber asistido a la primera representación en España de Roberto il Diavolo, y tan alto raya su entusiasmo, que asiste a tres fimciones seguidas. Su ambición es que sus escritos saliesen con láminas, como las novelas de. Tarrago. Gana cinco duros por articulo y vive ai día. El ajetreo de la vida madrileña no borra de su memoria el recuerdo de su pueblo; duerme en la misma habitación que Tarrago, y todas las noches se acuestan hablando de Guaaix, y con más razón cuanto que en Guadix vivía la mujer de quien hubo de apasionarse con el brío de su juventud; por día pregunta en sus cartas y le preocupa si le recuerda y qué piensa de él. Pero pasaba el tiaxipo; más fríos los entusiasmos, Alarcón quería desagraviar a sufamilia, auncjue no volver a encerrarse entre lo. s cerros de su estacionaria ciudad natal. En este estado de cosas, se celebra el sorteo de los mozos para el reemplazo de! Ejército, y T) Pedro Antonio, sacando el número y, cayó soldado. Quien había sido prófugo voluntario del hogar paterno, pensó lo no muy bien que le iría siéndolo de la milicia, y, sin dejar huella alguna de sti paso por Madrid, volvió a Guadix a finales de abril de 1853 a recibir el perdón de sus padres, que de tan buen grado se le otorgó. Declaraclo útil para el servicio de las armas, fué redimido en metálico. Con ocasión de dicho regreso, Alarcón permaneció en Guadix unos meses, en los que contristó hondamente su espíritu la muerte de su primera novia, ocurrida a finales del verano de 1853. El había comenzado a sentir simpatía- -antesala del amor- pasión- -por aquélla muchacha en las representaciones que de sus ensayos dramáticos hacían unos cuantos jóvenes de la localidad en un teatro improvisado en el almacén de granos del antiguo Pósito, y en las