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LETRAS, ARTES, CIENCIAS cuyas páginas D. Pedro Antonio por vez primera dio a la publicidad sus ensayos literarios. Mas no debía ser muy cordial el ambiente de Guadix. Veladamente, como exig- ía la contemporaneidad de las circunstancias, nos lo da a entender Alarcón en su artículo titulado La soledad y el poeta publicado en el cuarto número de El Eco de Occidente, y antes, en la primera quintilla de una poesía dedicada a felicitar a sus amig os de Torres Carrasco, fechada en Guadix a i de marzo de 1850, y cuyo autógrafo, inédito hasta hoy, -tuvimos la suerte de encontrar, siendo tal vez el único salvado de aquellos autos de fe con que su autor quiso purgar juveniles pecados literarios. Dice así la dicha estrofa: Un hombre que empieza a serlo y al mismo tiempo a sentirlo, que no quiere parecerlo y le acusan de fingirlo solamente por molerlo. A W -i a e- t- 0. Años después expresamente lo confiesa en interesantísima carta autobiográfica a su amigo D. José Calvo Teruel; de ella son los siguientes párrafos: Desde el día en que fui una singularidad en mi pueblo, principié a ser desgraciado, pues me quedé solo con mi pequeña gloria, bloqueado por la envidia y encastiilado en mi soberbia... Adivina, amigo mío, lo que los dos últimos años de mi permanencia en Guadix (se refiere a la época mediante entre el abandono del Seminario en diciembre de 1850 y su salida de Guadix en enero de 1853 en semejantes circunstancias, suponen de luchas en mi corazón y en nii cabeza, sumido como estaba en la tétrica soledad de un pueblo rutinario, silencioso, incomunicado con el resto del mundo, mientras que mi ambición combatía de. sesperada con los cielos y la tierra... Aquellas ignoradas agonías de mi adolescencia son indudablemente lo único grande e interesante d e mi vida, así como el origen de mi carácter y de todas mis ideas Tan sólo algunas veces suele reunirse por las tardes con sus compañeros Tarrago y Requeiia Espinar, junto a la Cruz del bellísimo paseo de la Catedral de Guadix, cambiando con ello; s impresiones, en las que Chateaubriand, Lord Byron y Walter Scott, según las aficiones de cada cual, jugaban literariamente un importantísimo papel; Alarcóa era entusiasta de Lord Byron; pasando de estas conversaciones serias a narrar mil chascarrillos, anécdotas y tradiciones, entre las que se habló frecuentemente de la del morisco tesoro del cerro lel Mencal, cuya. mole se alza en el horizonte frente al lugar de tales escenas. No es, pues, raro que, aun sin- contar con más recursos que los pocos ahorro. s de las su- scripciones que en la provincia de Granada tuviera El Eco de. Occidente, y que le habían sido cedidas por el mnpre. sario en vista del buen éxito que logró, huyera de la casa paterna en las primeras horas del 18 de enero de 1853. itOa IAÍ, FEAGirENTO DB CN AUTÓGRAFO INÉDITO DE ALAKCON, A LOS DIEZ T SIETE AÑOS, TAL VBS 5 KI, DNICO SALiVADO DB r S QUÉIMAS OOK QUE DESTItUTO CASI LA TOTAI. LABOR DB S n PRIMERA En el mismo día de su escapatoria llegó al anochecer a Granada, y algunos después, al visitar la Alhambra, todavía ignorado poeta provinciano, escribió en el álbum del Alcázar un soneto, índice revelador del estado de su alma en aquellos momentos de tanto interés en su vida. Después pasó a Málaga, y de aqui a Cádiz, donde permaneció un mes, durante el que alternó las diversiones en grande escala con. la reorganización del periódico de modo que pudiera sostenerle en Madrid; conseguido esto, el día 2 de marzo de aquel mismo año 1853 salía para la corte, el centro de todas sus ambiciones. Alarcón se ¿ospedó en Madrid en la casa de huéspedes de doña Remigia Plaza, en la calle del Barquillo, donde mismo lo estaba su paisano Tarrago. Llegó nuestro D. Pedro; Antonio con poco dinero, muchas esperanzas, y en el baúl una reputación ma