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l.IO THAS, A R T E S CIENCIAS D. L U I S Siendo, como son. h o n r a d a s mis palabras, m á s bien nme. s ran la calidad d e tu alma, pues si mis labios las rezan m á s que las dicen, t ú eres quien l a s inspira y engendra. Y hora es que debo decirte -por que mi afición comprendas- -que, estando cerca de t i lo que en mí mismo yo sea n o puede s e r pero soy de mil diversas maneras. Que, al verte, mi voluntad como u n espejo se quiebra, y estoy sin estar en mí y soy sin ser lo que e r a Triste, si veo en t u s ojos reflejada la t r i s t e z a aleyfre, si la ale. arría tienes en t u s ojos p r e s a Que mi alma es arcilla blanda y eres t i! la imaginera que le d a forma. O t r a s veces, p o r el contrario, ijera que d e m i a m o r en la e n t r a ñ a mi vida se reconcentra, y es mi sensación le ser cual si todo yo estuviera dentro de mi c o r a z ó n M a s n o te e x t r a ñ e n las mu- estras q u e de existir da el cariño que en mi pecho se aposenta. pues todo en amor parece de e x t r a ñ a t r a z a y manera, ya que empieza reduciéndonos a prisión d u r a y esírecha, y esta prisión, cual la d i c h a m á s g r a n d e se nos presenta... Y e s r a r o también q u e estando presos nadie lo creyera, porque es t a n r a r a prisión que dentro n o estamos dclla, sino ella dentro del pecho que la pasión alimenta. D. ISAB. P u e s y o no sabré decirte cómo es la afición que llena mi pecho... D, PEDRO dentro) ¡Isabel! D ISABFX. ¡Perdida estoy! Isabel, c o n t e s t a! D. P E D R O (dentro) D, ISABEL. Í H u y e don Luis, antes q u e nadie ttt presencia advierta! i Voy, padre, vo H u y e pronto! D, L U I S ¿H a s t a cuando, dulce dueña? D, LSAB. ¡P o r D i o s! (Fase don Luis. D. PEDRO (dentro) ¡Al; re 1 D. ISAE. (abriendo) ¿Q u é queréis? D. PEDRO (entrando) la sintió antes de que fuera escuchada por mi oído. Y a tu desdicha confiesa sin que me obligues a usar contigo d e violencia. D. ISAi: A s e g u r o q u e te e n g a ñ a s D. PEDRO. ¿Y A m i n t a H a de d a r m e ella de quien estaba con igo, contra mí, segura cuenta. XLlamando a la pueifa por donde salió Aminta. ¡A m i n t a! P o r Cristo vivo, q u e h a b r é d e ÍGT 7 á. T la p u e r t a 1 (La fu- erza y abre. i A h q u e estaba aquí el villano que c o n t r a ¡ni h o n o r a t e n t a! ¡N o h a de e s c a p a r! (Vase. D. -I s i S a n i o Dios! ¿Qué es ello? Q u é otra funesta desr ioha contra mí viene? ¿Oxé persona, m e confiesa, estaba conti. go? A M I N T A (confundida) ¡Nadie... Dispénsame la vergüenza de confesar... Q uelve don Pedro. D. P E D K C Escapóse; m a s conocíle, y e s fuerza que el d a ñ o que en mí h o n r a hizo repare, ¡Don Ñ u ñ o era I ESCENA V Una caUe. OT. ÍÑEZ TRI. STA. NÍ y T R I S T A X E l relato sucinto es d e cuanto ocurrió. OTAIVEZ. Gran laberinto el en t (ue mi señor se halla metido sin haberlo comido ni bebido, y es j u s t o nie se a p u r e y por su honor y por su fama jure, mientras d e viva cólera se inflama, que él n o estaba e n a casa p o r la dama, -sino p o r su doncella. P e r o nada le aplaca en su querella al viejo, y a estas ¡loras cuentas h a g o de q u e revuelve a Roma con Santiago, dando pruebas cumplidas de m u y escaso juicio, q u e escondidas han d e t r a t a r s e c u e n t a s donde toca el honor, q u e así va de boca en boca. TRISTAK. P o r lo que y o he entendido, mi a m o h a s d o citado y ha asi, stido, o asistirá, obligado por el viejo, a u n secreto consejo donde se aclare la verdad oculta. OTAÑEZ. ¿C ó m o t e encuentro despierta? ¿Con quién hablabas? O. ISAB. ¿C o n quién? Con A m i n t a I) P E D R O No mintieras P u e s y a veremos del lo q u e resulta. ESCENA VI Sala en casa de don DOÑA ISABEL, D O N PEDRO, DON Ñ U Ñ O Pedro. DOX LUIS y tan mal si te diera tiempo a prevenir la respuesta. Voz e r a d e hombre. Mi h o n r a D LUIS. P o r D i o s y m i a l m a o s fío que e r a noble mi intención;