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LETRAS, ARTES, CIENCIAS D. ISAB. ¿Y habló contigo? Te ruego que acabes... ¿No ves que el fueg O de la impaciencia me abrasa? ¿Que mi angustia se acompasa con tu relación... Di luego, sin más dilatarlo, cuanto con don Luis se relaciona. AMINTA. Caúsame, señora, espanto ver que tanta angu. stia y tanto fuego vuestro amor abona. Bien es cierto que otro talle como el de don Luis no luce caballero por la calle, ni otro ninguno produce el gozo que da el miralle. Blancos encajes de espuma orlan su cuello, tan blanco como la espvmia; su franco rostro, de arrogancia suma, envuelto en la espesa bruma de sus barbas, es estanco de femeniles nn radas, y de cien tonos pintadas las plumas de su sombrero, son aves que de su fuero le siguen enamoradas. D. IsAT! En verdad, me ha satisfecho el retrato: mas no quita la impaciencia de mi pecho, y ya tu pansa me irrita para relatar el hecho escueto. AMINTA. Más que el retrato ESCENA 111 DON L U I S y TRISTAN. D, LUIS. ¿No te pareció escuchar hacia esa calleja pasos? rEisiVíN, Sí tal; pero no hayas pena, que quienes sean cuidados tendrán suyos ijue les veden mezclarse en los tuyos. D. LUIS. Vamos apriesa, que los minutos que pasan se me hacen largos com. o siglos. Tales ansias tengo de verme bañado- -convertido en miniatura- -en las aguas de los lagos que son los ojos serenos de doña Isabel. TRISTAN. Me escamo ya, que el frío de esta noche no deja pensar en baños. D. I. U 1 S. i Ocasión menguada escoges para tus chistes menguados! Que el hondo placer que ocupa mi pecho no de; ja espacio para otra vana alegría al pensar que me ha otorgado licencia doña Isabel, venciendo su gran recato, para ofrecerla mi amor. TRISTAN, Que aceptará, y al contado te pagará con igual moneda, o mucho me engaño. de don Luis, más que el relato de lo que habló, que desvela D. LUIS. Plegué al cielo que así sea! tu pecho, doy a barato TRISTAN. Pues dalo ya por... plegado, que ha de agradarte esta esquela. D. IsAB. ¿Suya? ESCENA V A- Mi. MA. De su leíra y puño. Lee y piensa en ella despacio. Sala en casa de don Pedro. (Hoy entra en este palacio D O Ñ A ÍSÍ BEL M I X T A V don Luis, y yo, con don Ñuño, AMIXTA. Don Luis se acerca. tendré para hablar espacio, D, rsAjíLj. ¡Dios mío! Tú está pronta a mi favor, ESCENA Ij que si confío en su hotior Calle. de su pasión desconfío, DON N U O y OTAÑEZ. y no es justo que en mi daño se aperciban cuando intento D. ÑUÑO. Decir podrán que la empresa pre. itarle a mi alma contento, no es digna de ur hijodalgo su engaño y mi desengaño. de mis prendas y nn fama; Y digo eng. iño, porque pero su rostro, sus brazos, hay veces, a lo que entiendo, el cuerpo todo de Aminta, que en amores, procediendo que se dijera amasado con la nia -or buena fe, con masa de nieve y rosas amadores COÍÍIO amadas, por mil celestiales manos, resultan los amadores, tal empresa bien merecen. sin quererlo, er, gañad res OTAÑEE. Y añade que, bien mirado, y ellas salen engañadas; nada te va ni te viene y no es ningún silogismo de que fuere Inieno o malo decir, segút) mi enten; ier, el vino que el vaso encierra, que, queriendcj o sin querer, si tú quieres sólo el vaso siempre el engaño es el mismo. y éste te agrada. D. ÑUÑO. i Me agrada, AMINTA. Descuida en mí. (Ya estará vive Dios! OTAÑEZ. Pues, vive el diablo! si te agrada vamos ya, que Aniinta estará esperarido. (P ansc. impaciente mi don Ñuño. Nada ha de empañ. ir el bruño de tu fama. I uermen ya tu padre y los servidores, excepto yo, que te guardo...