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LETRAS, ARTES, CIKNCIAS Historias maravillosas. EL HOMBRE Q U E LLEGÓ A LOS MIL MILLONES Claro que ahí está el intríngulis y el círculo vicioso: p a r a s e r jefe, a su vez, h a c e falta tener dinero. Rockefeller había ahorrado sus buenos doscientos dólares; su padre, ante! a insistencia del muchacho, añade un millar de dólares, no como donativo, sino como préstamo. Y tija el interés del 10 por ICO. Les affaires sonl les affaires: Y una cosa es Sa paternidad y. otra... les affaires. A s o c i a d o con un amigo suyo, que tiene treinta años, más experiencia que él y dos mil dólares, funda su primera Sociedad: Q a r k Rockefeller. Toma varios a m i g o s como socios, y a la vuelta de unos añois, cuando él cumple los veinte, ha buscado suficiente clientela y ya, por fin, ¡es el jefe! No hacía falta ser jefe para ganar dinero? Pues ya lo es. ¡A ganarlo! ¿En qué? N o se aprovecliará de inventos acreditados ni de nionopolios protectores, como era costumbre a la sazón en los m u l t i m i l l o n a r i o s de entonces... I r á a buscar lo inédito, lo casi no nacido... Rockefeller vio una luz; era una luz de petróleo. Surgía a la sazón el alumbrado de petróleo. L o m i s m o que, en años anteriores, se había apoderado de ios hombres la fiebre del oro, se apoderó de los buscadores de fortuna la fie bre del petróleo. Acuser jete. Y no píen- EL FAMOSO MIM, ONAKIO SORPRENDIDO POR EL OB- dían a los yacimiento. s sa eji otra cosa desde JETIVO POTOGIÍ. FICO EN UNA DE SUS POSES MAS enjambres de rentistas moderados, dispuestos entonces, CAH- ÍCTERISTICAS o sienxpife la ¡Historia ha de ser cuento. Alg u n a v e z el cuento -cuento extraordinario en verdad- -puede ser, y es como en este caso, historia. Este es el cuenl asombroso del hombre que llegó a los mil millones. No era nadie. Se 11 am a b a c o m o en l o s cuentos, Juan, o John, porque es igual. John Davidson Rockefeller. Hubo, como t o d o s los Juanes de los cuentos, de partir, siendo un mozalbete, en busca del sustento. Tiene dieciséis años. La casa de Esto o de lo Otro (Hewith and Es igual) recibe en sus oficinas al muchacho, y le pagan cuatro dólares- -muy bien menos da una piedra- A los dieciséis meses gana más; siempre es un consuelo. A los dos años g- ana más; se ha muerto el tenedor de libros de la casa, y Rockefeller ocupa la vacante del finado. Le dan 40 dólares. M u y bien. Los cuatro dólares jue ganaba en un principio tienen ya un cero a la derecha. No está mal. Pero Juan reflexiona de esta suerte: Si el que se murió gánate al mes seis vece más que yo, y o c u p o yo su puesto, ¿por qué a mí no me pagan lo que al otro? Expuesto el caso a los jefes, los jefes se encogen de hombros. Y entonces el joven Juan saca la consecuencia, y se dice: Para hacer dinero en la vida, ya está visto: h a y q u e