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D E P O R T E S UNA CAÍDA EN MEDIO DED PELOTÓN A Enrique V I H de Inglaterra se debe el primer bilí sobre las carreteras, en las que, como premio, se daba al ganador un pelotón de lana, adornado de flores, colocado en la punta de una lanza. Años después el trofeo se substituyó por: una campana de madera, también adornada de flores, que más tarde se reemplazó por una de plata, llamada la Saint Georges, que se disputaba todos los años el martes de Carnaval. El oro substituyó a la plata, y a la campana las medallas, copas, vasos y... las libras esterlinas. Como no había hipódromos, los recorridos se verificaban a través del campo (cross- country) en terrenos accidentados, que se dejaba en libertad de escoger al i inete, con tal de llegar al punto designado como meta, que era generalmente una torre, un campanario... (steeple- chase) TaL sistema daba por resultado por lo común el que fuese el vencedor, no el caballo más ligero, sino el más pesado, el de mayor fuerza muscular, bien por el peso que tenía que soportar (a veces un caballero revestido de armadura, cuyo peso total oscilaba alrededor de 136 kilos) o bien porque en el recorrido había encontrado menor número de obstáculos a salvar. Se vio pronto tales inconvenientes, y, para igualar la suerte, se pensó en realizar tales pruebas en terrenos más convenientes: más unidos, más elásticos, escogiéndose los recubiertos por una capa de gazon; y la palabra turf nació entonces para entrar a formar parte de la terminología hípica. Se crearon más tarde los terrenos apropiados para celebrarse en ellos las carreras, hipódromos gazonados, que datan de la época del Rey Jorge I (1603- 1625) y en los tales las pruebas fueron adquiriendo el desarrollo y la importancia que de tan eficaz manera habían de contribuir a la progresiva formación de una raza llamada a alcanzar tal renombre como la conocida por la de pitra sangre inglesa, boy sin- rival en el mundo. El mejoramiento, hasta su perfección, de la raza caballar inglesa, fué producto de cuidadoso estudio; cuanto afectaba al caballo ha sido objeto de especial atención. En el arte de preparar, los adelantos han sido notables desde aquellos tiempos, en que se prescribía en la víspera de una carrera: Frotad fuertemente las cuatro patas de vuestro caballo y untarlas con grasa de pie de buey o de carnero. Después darle su comida; coged un trozo de pan, cortadlo en rajas, hacedlas tostar en el fuego, empaparlas en vino Muscat, dejarlas secar entre coberturas bien calientes y darlas a comer. El día de la carrera, al acercarse la hora de salir, embridarlo; cuidad con atención de sus coberturas; después, llenarle la boca de vinagre bien fuerte, el que insuflaréis también suavemente por las narices, lo que tendrá por efecto abrir sus canales respiratorios y hacerle más apto para recibir el viento... Hoy el arte de preparar un caballo, de carreras alcanzó tal perfección, que quizá sea, dentro del hipismo, el de más importancia, de más difícil realización, por la suma de conocimientos que se necesitan, que no todos cuantos a él se dedican poseen en el grado necesario para salir airosos de la delicadísima misión a ellos encomendada. Porque son muchas las veces que el triunfo público se alcanza, no tanto por