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ESPECTÁCULOS MOMENTO DE INTERÉS EN LA NISTA DEE ZORRO Hay por ahí, por Londres, una película que hace furor y se llama Ramona... Ha llegado, al fin, Ramona en película, después de ser popular en disco o en rollo. Visita tan anunciada por la expectación era peligrosa para el éxito de la visitante. Y aunque Rainona se nos fuese a presentar interpretada por Dolores del Río- -artista que goza de la incondicional devoción del gran público de cine- estaba expuesta a defraudar. Pero no ha defraudado. Es Ramona una buena película, una película óptima. Nace a la fábula el interés del espectador, prendido a una interrogación: ¿De dónde procede esa chiquilla placentera y buena que retoza y trabaja en la hacienda- -en California- -de una señora engolada, áspera y rígida que la tiene recogida, y cuyo hijo, Felipe, la corteja y ia enamora... Lo sabemos bien pronto; pero no sin emoción muy bien lograda- -a través de escenas ambientadas con magnificencia de fotografía- al sorprender a Alejandro, el jefe indio de la cuadrilla de esquiladores indios, espiando con amor encendido a la muchacha. Ramona revela a Alejandro su origen en una sola cosa: en la emoción con que oye los cantos indios que el esquilador lanza saudosamente al aire. Pero ella sigue sin saber de dónde vino a esta granja, bajo la autoridad de esta señora fría y atrabiliaria. Hasta que un día el ama de la hacienda sorprende a Ramona y a Alejandro en colo- quio inequívoco y es sabedora de que los mozos están decididos a casarse. Trata de impedirlo la señora, con desprecio para el indio, hasta que, requerida por Ramona, da a conocer a ésta- -despectivamente también- -su origen: es una india, hija de india y de padre blanco, procer y adinerado. Renunciando a los tesoros que su progenitor legó para la chiquilla si casaba a gusto de la señora, Ramona une su vida a la de Alejandro en la tribu, en donde disfrutarán de buenos sembrados y rebaños numerosos en la paz del hogar. La cual dura poco, porque la niña- -fruto del amor- ha muerto y el poblado es invadido por conquistadores blancos que roban y matan. En la dramática odisea perece Alejandro, y Ramona- dulce espíritu, tierno corazón- -enloquece en el desamparo, hasta que la casualidad le hace dar con Felipe, el camarada de niñez, que hace revivir la memoria de Ramona recordándole los tiempos de convivencia en la hacienda cuando le cantaba a la guitarra... ¡el vals Ramona... Como se ve, lo del vals es tan accesorio como trivial. Pero tópico y anuncio aparte, estamos ante una película de bellezas múltiples, empezando por la de la acción- -mtensa, lógica y rica en contrastes- y por la certera psicología con que están trazados los personajes. El ambiente es adectiado; en ocasiones, grandioso en demasía; pero ello acrece la magnificencia fotográfica.