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E S P E C T Á C U L O S EL ARTE D E LA CANCIÓN Raquel MeIJer o La Gracia de la Flor C peramento ardientei Meller avanmu mente español, que za h a c i a la nos hace pensar si en batería, en la escena vez de una flor que S de la Comedia, hay se desmaya no será én la sala un niuruna brasa que se conmullo de admiración. sume. No es, todavía, a Así, ahora, su trasu a r te exquisito; je de calle oculto no es tampoco a su bajo el amplio abrift r figura, que p a r e c e go de p i e l e s es el lílipi. escapada de un lient r a j e de Carmen zo de Boldini; es a No de la Carmen de su rostro- -blanco Merimée, que tan a mate de nardo- en maravilla ha s a b i d o el que fulguran los i encarnar en el lienzo grandes ojos, por los de plata de la pro. tv que se escapan dos yección cinematográBid iÜ llamitas de juventud fica, sino el de una perpetua. Carmen a u t é n t i c a Es la Raquel del s u r g i d a del AlbaiTTTJ IJ ri; i Trianón, que h a c e cín. Y cuando en el ¿una decena de años v e s t í b u l o del gran alborotó y consagró hotel caen las pieles 1 el arte frivolo de I de sus h o p a l a n d a s -I varietés con su falo que pasa ante los moso Relicario. Es ojos absortos la í concurrencia de la la que vimos, más es tarde, en el teatro representación pura Español, elevando el de una España típi 1 gj -x ca, en su pañolito de género a la más alta 1 I ¡j escena. Es la que, flecos, en su traje de m- í. después, admiramos vuelos, que contras 1 en el Olimpia, de ta con los que, abanI k ri Paris, imponiendo lo donados por los dií r español con el envanes, dejan ver esas canto alucinante de piernas esqueléticas sus canciones. Y, si y alambradas de las me apuran mucho, es m u j e r e s a la t, todavía aquella chimoda quilla que en el PaY a en un rincón J ralelo barcelonés enacogedor, yo evoco candilaba a los buelas palabras de un nos burgueses con su E S LA R E P R E S E N T A C I Ó N PURA DE UNA ESPAÑA escritor desapareciT Í P I C A EN S U PAÑOLITO DE FLECOS, E N S U T R A J E gracia picara. do, hermano del alDE VUELOS... Pero, t r a s de la ma y a l m a q u e se emoción producida por su presencia, viene consumía en la adoración de Raquel, cuando luego la otra emoción de su arte, al que ha me decía, en un café de París, ante la copa conseguido comunicar esa eterna juventud, de ajenjo que, lentamente, lo iba matando: Raquel canta, y son sus canciones las mis- Todo cuanto de español hay en París y en mas que hicieron exclamar a los ingleses: el mundo; toda la verdad en el conocimien Es el alma que canta! las mismas por to de nuestras cosas, se debe a esta mujer las que Gémier dijo de Raquel: Tiene la admirable. Los escritores no hemos logrado gracia de la flor. que París fijase su atención en España; De una flor que se desmaya, de una flor nuestras informaciones, nuestros artículos, que se evapora, son, en efecto, sus gestos nuestras crónica. s, hasta los periódicos y rey su voz, cuando, terminadas esas cando- vistas españoles aquí publicados han caído nes, hablamos de su arte, hablamos de su siempre en el vacío. Ha sido Raquel, con su vida, tan llena de emociones, tan dulcemen- sonrisa de niña ingenua, con su alma a flor te evocadora. de los labios, con sus gestos trágicos y sornPero lo que más habla a nuestro corazón bríos, con su risa optimista y feliz, en medio de esta mujer es, por encima de su arte, de la tragedia, lo que ha hecho conocer a por encima de su encanto personal, su tem- España, su espiritualidad y su carácter. UANDO Raquel i 1 E fi m W