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LI T E R A T U R A les precedió un coolt. Tras ellos iba el grueVII so de la fuerza de Policía, parte de la cual Marta se desplomó, pobre cuerpo inerte, estaba empleada en custodiar las salidas juguete cuyo muelle se ha roto, sobre una para que no pudiera escaparse nadie. de las cajas del almacén. La llegada de un Comenzó el registro. Jack procedía me- boy, vestido con uniforme magnífico, la destódicamente, examinando todos los rincones pertó de su desmayo. y escondrijos del edificio con una precisión- ¿Qué sucede? -preguntó en dialecto geométrica, sin dejar sitio alguno inexplo- changhayano. rado. El boy, ceremonioso, se quitó la galoneaCumpliendo sus órdenes, los policías echa- da gorra y contestó en inglés: ban al suelo las pesadas cajas, desclavaban S o y del Palace Hotel, y traigo esta las tablas con hábiles martillazos, rasgaban los cartones, sacaban las mercancías, desen- carta para usted. Le entregó un sobre cerrado, y, al verlo, rollaban los tejidos y registraban escrupuconoció ella la letra de Jack. Abrió la carlosamente todas sus arrugas. ta febrilmente. Inmóvil, cuadrado, esperaba Sin darse cuenta, y como si la imipulsara el sirviente. Marta le dio una moneda de una voluntad refleja, les hizo empezar por plata, y, apenas se marchó aquél, leyó anel lado opuesto a aquel donde estaban las helante cajas de armamento. Seguía, atemorizada, el Hermanita querida: Perdóname que te lento avance y veía acercarse el minuto fa- llame todavía de este modo, y, si por catal en que habían de abrir los pianos sualidad te desagrada este comienzo, no por Por su cerebro pasaban, como en una za- eso lo rehuses, pues te lo dirige un hermarabanda fantástica, todos los acontecimien- no mayor que te quiere por encima de todo, tos que jalonaron su vida, de. sde el momen- y cuyo infinito cariño sólo desea tu felito en que salió de Francia: el vapor, su in- cidad. timidad con Jack, la llegada a Changhai, Hermanita querida: tengo una penamuy las deliciosas veladas que pasó en compañía grande. Me había acostumbrado tan bien a de Pradier y, por último, los trágicos ins- mi dulce ensueño; hasta tal punto creía que tantes de aquella mañana: el pobre cuerpo tus sentimientos correspondían a los míos, inerte, cubierto de sangre, que se llevaban que la decepción ha sido cruel y me hace palos policías al hospital, donde acaso iba a decer de un modo espantoso. alcanzar la tranquilidad definitiva que siemLa culpa es mía y sólo mía; no te alpre le fué negadíí. canza a ti. Yo soy un hombre, mayor que No le importaba morir- -bien lo sabía tú, y debí discernir oportunamente: lo que Marta- porque era valiente; poco le pre- a ti te parecía amor no era más que cariño ocupaba, exceptuando- -también lo sabía fraternal. Pensar que tal vez te haya hecho ella- -el dolor de abandonarla y la espantosa sufrir la idea de que me hacías desgraciado idea de que su apellido iba a quedar des- es cosa que me desconsuela y me aflige. honrado para siempre. ¿De modo que querías a otro? ¡Y a ¡No, esto último no podía ser! ¡Aun quién... No vayas a figurarte que mi fracuando él no hubiese de saberlo nunca; caso me vuelva tan vil como para hablar aunque va le hubiera libertado la muerte de mal de un rival más dichoso. Aíe conoces lo la vindicta de los hombres, no podía ser! bastante para saber lo cuidadoso que soy de Intentaría un imposible, no sabía cuál con la honra propia v de la ajena. Pues, así y exactitud, pero tenía que dejar a salvo su todo, ¡tengo miedo por t i! apellido, su honra. Cuando, hace poco, tuve repentinamente Acercábanse los policías al lugar donde la atroz revelación de la verdad, sólo, sentí se alineaban las pesadas masas de las cajas dolor. Ahora, a mi dolor de hombre se junta de pianos Jack iba a hacer una seña. la inquietud: yo te lo suplico, Marta; si Trérnula, con los ojos desorbitados, avanzó quieres a otro, aunque con ello me destroella impidiendo, con sus brazos en cruz, que zas el alma, procura que ese otro sea un llegaran a las cajas. hombre honrado. ¡Yo te lo imploro, Jack! ¡No sigas! Hace un momento, Marta, he faltado, por No hav nada. Esio son pianos nada más. Te primera vez en mi vida, a mi deber militar. lo aseguro. Ha sido el sacrificio mayor de cuantos poWainwright la miró sorp. rendido. Marta día hacer; para mí tiene más importancia insistió: que la misma vida. No lo olvides. Ten pre- i Nada más que pianos. Lo aseguro sente que no lo hice sólo por ti, sino instinpor mi honra! No los abráis! tivamente, para que con ello se rehaga moSe quedó estupefacto, sin comprender lo ralmente un hombre que no debe de ser malo que pasaba. De pronto lo vio todo clara- del todo, puesto que tú le quieres. mente: se hizo la luz en su cerebro, una luz ¡Que seas feliz, hermanita! j Y que te deslumbradora. acuerdes de mí! Voy a dejar el servicio de Blanco como un sudario, se tambaleó, y las armas. No puedo continuar en un Cuertuvo que apoyarse en la pared para no caer po distinguido después de haber faltado a mi al suelo. En su alma reñían una lucha te- deber. Dentro de diez minutos saldrá para rrible el policía V el caballero. Venció éste. Hong- Kong mi djmisión. v ov a viajar, a- i Bueno! -di i o con naturalidad. ver si puedo olvidarte un poco, a ver si Y se llevó a su gente. se me olvida mi dulce ensueño...