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LITERATURA ESPEJISMO DE ASIA NOVELA, ORIGINAL POR JUAN D AGRAl VES y MARCELO E. GRANCHER TRADUCCIÓN DE J. CAMPO MORENO Ilustraciones de Méndez BrJnga. (Continuación. A conozco al señor Pradier. En cuanto a esta señorita, no necesito decir que está en su casa. Entraron. En medio de una habitación muy garande blanqueada con cal, estaba servida una mesa redonda. Si ustedes lo permiten, les presentaré a mis hijos antes de comer. Dio unas palmadas. De la habitación inmediata salieron tres chinos jóvenes, del tipo moderno, con anteojos de concha, el pelo corfado muy corto por la nuca y levantado por los lados como un tupé. Vestían a la europea. Número uno, número dos, número tres- -dijo el dichoso padre, indicándolos, sucesivamente, con un dedo índice, de uña sospechosa. Como buen chino, se abstuvo de presentar a sus hijas ni a sus mujeres- tenía varias, a pesar de lo que le enseñaron los padres- Aderaás, aun siendo chino católico poseía una imponente imagen de Buda, tripona y gesticulante, colocada a la entrada de su vivienda. Con mucha naturalidad, dijo: ¡A la mesa! Cada cual se colocó en el sitio que le pareció mejor, y dio comienzo la comida. A la derecha de Pradier -que todo el camino se mostró preocupado y taciturno- -estaba Marta, dirigiendo a todas partes miradas de sorpresa. ¡Todo lo que había en aquella mesa le parecía tan nuevo y tan extraño! Veíanse allí platos hondos como soperas, llenos de masas informes y gelatinosas; otros contenían volátiles raros, finos como los lenguados y cubiertos de una capa obscura; los había de todas las formas: largos, estrechos, redondos, con embutidos inauditos, pastas alarmantes y frutos extraordinarios. Braillard hablaba en chino con Liu. Los hijos de éste esgrimían ya unos palillos para probar de este pjato o de aquél. Marta se volvió hacia Pradier, que parecía absorto en sus pensamientos, y. sonriéndole de un modo encantador, se confió a él: Estoy muy violenta... Mucho, agradecería a usted que me dijera cómo debe esr tar uno a la mesa en una casa china. Aquella sonrisa fué un bálsamo para el Y pobre atormentado, que estrechó la linda manecita, diciendo: ¡Gracias... ¡Muchas gracias... Tenía miedo de que estuviese usted enfadada... A Marta le sorprendió aquella efusión. ¿Enfadada... ¡N o! No tengo por qué estarlo; pero no debía usted beber tanto. Se disculpó él: -Tengo un disgusto grandísimo... ¡Si usted supiera! Trató ella de informarse, con ansiedad. -Ya se arreglará lo que sea... Coma usted... No se preocupe. Aprovechemos el momento actual. Pradier cogió los palillos para enseñar a su amada cómo se manejaban, y repitió: Aprovechemos el momento actual. Le miró ella, sorprendida. Los criados chinos pasaban unos tras otros como en una procesión, trayendo otra serie de platos yilevándose los anteriormente servidos. -Si sirven tan de prisa no podré comer- -dijo Marta, contrariada. Pradier la conformó: -Le sobra a usted tiempo: en una. comida un poco esmerada se sirven lo menos cincuenta cosas. Se acercó a mirar una sopera humeante- -Sopa de nidos de golondrinas- -comprobó, satisfecho- Tiene usted suerte. Esta es una de las mejores especialidades de la. cocina del país. Marta no acertaba a manejar los palillos. -No, así no; fíjese usted: de este modo -le dijo él, rectificando la posición de sus inhábiles dedos- Ahora métalos usted en la sopera, y ponga lo que saque en el platillo que tiene delante. La muchacha probó los nidos de golondrina. -No vale gran cosa. Parece choucroute (col blanca fermentada) con un poco de azúcar. Pradier le hizo presente que Liu la entendía, y ella se calló, avergonzada. Luego, indicando un plato en el cual nadaba en salsa un trozo extraño de pescado, preguntó ¿Y eso? ¿Es pescado? -Es aleta de tiburón. Lo probó sin que le gustara gran cosa, y pasaron al tercer servicio, cuyo plato principal era un cochinillo asado. Marta