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GRAN MUNDO LA CAMAEA DE DIANA DE POITIEKS. (CASTILLO DE una raza privilegiada, a esa antigua nobleza, que cuenta en sus generaciones príncipes y guerreros, sabios y prelados, políticos y ihombres de ciencia, favoritos y privados de Reyes. Y ese ambiente de glorias heredadas no puede improvisarse. iPor eso van siendo ya muy pocos, y por eso también son tan apreciadas- -no diré solicitadas- -las invitaciones que lanzan entre sus amigos algunos castellanos, como la princesa Amadée de Broglie. La castellana de Chaumont es una figura atractiva y prestigiosa de la alta sociedad francesa. Pertenece por su nacimiento a la célebre familia de los Say, que ha dado a la Francia una brillante pléyade de economistas y hombres de Estado- ¿quién ha olvidado el e s c l a r e c i d o n o m b r e de L e ó n Say? que son honra de la Humanidad, al propio tiempo que de su Patria. En cuanto a los príncipes de Broglie, oriundos del Piamonte, a p a r e c e n d e s d e remotos tiemp o s c o m o el tronco fecundo y glorioso en que las palmas de la ilustración literaria y cívica se c o n f u n d e n con los laureles de los triunfos militares. Bien quisiera el cronista hacer una reseña, aunque somera, de las vicisitudes por que ha pasado el castillo de Chaumont en sus diez siglos de existencia, y contar a los lectores cómo lo que amaneció siendo fortaleza en la decima centuria, erigida por el conde de Blois, cuyo nieto fué el p r i m e r s e ñ o r de Chaumont, ha venido a convertirse, sin perder su primitivo carácter, en una de las residencias campestres más amables y acogedoras. Pero esto ocuparla mucho más espacio del que p u e d o disponer. Un distinguido escritor ha dedicado rec i e n t e m e n t e uno de sus brillantes artículos de La Época a este famoso castillo; mas intimidado, s i n duda, como el que traza esCHAUMONT, FRANCIA) tas líneas, por la magnitud del asunto. Almagro San Martín no hizo sino esbozar su interesante y gloriosa historia recordando los grandes personajes que han dejado allí sus huellas inmortales, Así, Catalina de Médicis, que, abandonada per su esposo, Enrique I I de Francia, se retiraba con frecuencia a Chaumont, para reposar, en la paz de sus florestas, de sus habituales contratiempos; así su triunfante rival, Diana de Poitiers, que dejó su residencia de Chenonceaux para venir a este valle del Loire y dedicarse a enriquecer y hermosear el castillo, y el célebre astrónomo Ruggieri, favorito de Catalina de Médicis, que en una de aquellas vastas y. solemnes salas del castillo desarrollaba sus escenas de magia y de -t. -ai feesj ALCOBA DE RuaorERi. (CASTIIÍ, O DE CHAUMONT, FRANCIA)