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GRAN M U N DO UNA. MESA D E M A H- J O N G G EN CASA DE LOS MARQUESES DE BEDMAR con tinos discos bailables, y en todas, a la medianoche, ante los íntimos de la casa, unos criados pasan y repasan portadores de grandes bandejas... El mundo diplomático trajo. su Chispazo de inquietud correspondiente al incendio de diversiones de la semana. Hubo fiesta en la residencia del primer secretario de los Países Bajos y de su esposa, la bdla señora de Loudon. Si para la celebración de una fiesta hubiese que recurrir a pretextos, el pretexto en este caso fué uno bien lindo: la presencia en Madrid de la señora de Ro- DN ASPECTO DE LOS MARTES yaards, hermana de la de Loudon, con quien pasa una temporada. Amplio y simpático el hogar de los señores de Loudon. En un jarrón, tulipanes venidos de Holanda. El bar, en. uno de esos rinconcitos deliciosos que tienen los interiores modernos. Muchoelemento diplomático, muchas personalidades madrileñas. Un ministro plenipotenciario explicaba, -entre un corro de amigos, la odisea por que pasó una comida proyectada en su Legación. -Figúrense ustedes- -decía- tuve que suspenderla boicoteado por la gripe. Una hora antes de su celebración, de 15 invitados s ó l o quedaban d o s en pie. Me vi obligado a telefonear a estos últimos suplicándoles no vinieran. Mi comida había fracasado. Y es que las calamidades y las epidemias están también a la orden del día, en gracia de este invierno, que, al menos a mí, se me antoja inacabable. ¡Y pensar que he sido de los que preferían un día de enero a una noche de julio... T o d o c a m bia en el hombre, sin embargo, y lo que DEL RITZ