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GRAN MUNDO CRÓNICAS 1) P: SüCllíUAU Lo Subrayado en la Semana NO de los recovecos más interesantes e n t r e los que se o c u l t a la sociedad m o d e r n a es ese q u e ha d a d o en llamarse intimidad Hoy la pequeña fiesta íntima ha matado, o casi matado, la fiesta en grande de otros tiempos. ¿De quién la culpa... Ante un tribunal de Justicia, yo me atrevería a señalar el hotel como asesino. El hotel, naturalmente, estaba al alcance de todo el mundo que dispusiera de algo de dinero, y, en cada salón de hotel, las clases sociales l l e g a ron a mezclarse de tal modo, que las más ele vadas hubieron de recurrir en la huida a ese refugio de la intimidad. Intimidad, b i o m b o tras el que se oculta casi toda exquisita diversión: eres una palabra nada más y merecerías los honores de todo un poema. Es curioso observar, a fuer de imparcial espectador, ese bonito y en- LA SEÑORA DE LOUDOK, ESPOSA DEL PRIMER SECRETARIO DE LOS PAÍSES tretenido juguete del BAJOS ratón y el gato a que se someten las clases sociales desde un prePor estos y otros motivos la antigua tertérito no muy lejano. Cuando el gato apa- tulia de los años de la Nanita está resucirece en la superficie de la caja, el ratón tando actualmente. Las llamadas reuniones está dentro, y viceversa. Un momento pa- en intimidad no son sino la tertulia famosa de rece que van a encontrarse, pero no se en- nuestros abuelos. Los dandys de entonces cuentran nunca, i Cuánto desvelo, no obs- no podían acostarse satisfechos sin haber tante, y cuánto cuidado para conseguirlo! recorrido tres o cuatro tertulias. Los de hoy Desde hace un par de años a esta parte, se contentan con menos; pero es el caso que por ejemplo, se celebran en el hotel Ritz la tertulia subsiste- -aun cuando la lotería ciertos martes de moda, a los que concurren de cartones haya sido cambiada por el mahmuchachas y muchachos de conocidas fa- jongg- y hasta subsiste sin haber perdido milias. Son tés por invitación, desde luego. su rancio sabor madrileño. Tal la que se cePara algunos seres, sin embargo, obtener lebra todos los jueves, por las noches, en una de estas invitaciones es algo tan difícil la señorial residencia de los marqueses de como conseguir el derecho a uniforme en una Bedmar. Son reuniones de confianza, en las d é l a s Ordenes militares. Hay que hacer so- que se suprime toda etiqueta y que preceden licitud de ingreso. Y al solicitante se le acep- a las comidas con que aquella hospitalaria ta o no se le acepta; pero, en el último de casa obsequia también a sus amistades. Melos casos, no se e explica nunca el por qué sas de juego: desde el británico bridqe al de la negación. ¿Razones? Ninguna. La madrileñísimo mus, ahora entrometido en de la intimidad, si acaso. Hasta en una fies- sociedad. En algunas ocasiones la juventud ta de hotel se aspira a vivir en la intimidad. allí presente hace funcionar el gramófono U