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ESPECTÁCULOS PALABI AS DE UN ESI ECTADOK El i n e) cada ocho días M AMA, déjame amar. -Ante películas como ésta, uno piensa en lo prematuro, hiperbólico y aspaventero que es ponerse gravemente a catalogar, fichar y definir el cinematógrafo entre las bellas artes, numerándole ordinalmente como la séptima y atribuyéndole nada menos que el alcance y el sentido de una peripecia inmortal, cual la de las escuelas italianas de pintura, por ejemplo... No, no tanto. Veamos con agrado y con interés- -profundos- -desarrollarse el c i n e matógrafo, pero no saquemos las cosas dé sus naturales cauces. La película Mamá, déjame aiitar, hace fluir por el lienzo, cansada y tediosamente, la vieja historia consabida y vulgar de tantas y tantas muchachas de teatro a las que una madre astuta, ardida y lagartona guía, y maneja, y explota a través de los atolladeros de las intrigas, de los chismorreos y de la garrulería desbordante de entre bastidores. Los tipos, el ambiente, los episodios, todo es clásico, vulgar, cotidiano, olvidado de puro sabido hasta por las gentes más extrañas a ese área de la farándula, ya que se hizo harta literatura ramplona acerca del drama o de los saínetes esotéricos que e n el ajetreado oficio anidan. La mamá en esta película se proyecta en el lienzo con absoluto verismo: una gran creación de la artista Louise Dresser. La pobrecita alondra, que es la estrella ladinamente manejada por la mamá, está interpretada por Macige Bellamy discretamente... Gracias a la guerra europea- ¡oh, cantera inextinta de episodios cinemáticos! esta película aviva en algunos momentos el ritmo pacato y monótono de su acción... Siervos. -Más por lo que se adivina que por lo que se ve, en esta excelente película late un postulado doctrinal. Es una película de propaganda de ideales o, dicho mejor, de execración de sistemas sociales que pasaronAño 1850 es la época de la acción. ¿Lugar? El espectador europeo emplaza siempre éstos dramas de la gleba oprimida por el duro e inexorable calcañar autocrático, en Rusia... Así, en la película Siervos, de LUISA DRESSER Y MAEGE BELLAMY EK MAMA, DÉJAME AMAR