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L I T E R A T U R A T POH ÍA TARDB, EN E l CIRCULO SOLO PUDO VERLE RODEADO DE AMIGOS... Acercóse Le Braz, acompañado de Beidjian. Pradier presentó a éste, a quien Braillard no conocía. Marta quiso marcharse. -Espere usted, señorita; no se escape de ese modo. No me ha dejado usted tiempo de formular mi invitación. La convido a cenar. Usted me dijo el otro día que desconocía en absoluto la cocina del país. ¿Acepta usted? ¡Perfectamente! Aprovecharemos la estancia de Braillard, doctor en nidos de golondrinas y perito en aletas de tiburón, para ir al Y- Ping- Chang. Halagado al ver que se ponían de manifiesto sus conocimientos en gastronomía china consecuencia de su prolongada estancia en Asia, Braillard asentía, aprobando la elección del famoso restaurante con un movimiento tranquilo de su plateada barba. -A las ocho en el bar de la Astor House- -añadió Pradier- Convenido! i eh? y como ella aceptó, deseosa de serle agradable, dijo, para terminar: -Bueno; pues, ahora, puede usted escapar, ya que tanto deseo tiene de dejar nuestra compañía. ¡Boy, cuatro martinis! V Pradier entró con mucha prisa en el bar de la Astor House con el sombrero ladeado. -i Venga usted en seguida! -gritó a Marta, que le esperaba sentada ante una mesa tom. ando un grappe- fruit- Venga pronto! Hemos modificado el programa: ya no vamos al Y- Ping- Chang, sino a Lang- Wha, a casa de otro chino amigo de Braillard. Allí conocerá usted el verdadero hogar chino y su auténtica cocina; porque lo que es en los restaurantes... Hizo un gesto significativo. Gritaba mucho, estaba muy encarnado, congestionado por el alcohol. Al pagar lo que Marta había tomado, maltrató brutalmente al hov, y cuando quiso ayudarle a ponerse el abrigo, dio un traspiés. Ella levantó hacia Pradier su triste mi-