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f. KTKAS. AJtTICK, f RNClAS alabarderos, solAulos y serridurcs distri- competidores. El ses undo príncipe tiene la hnkios por la estancia y aún más allá de l) alabra. las piicrías. Sn tros, consejero de a reina, HoREL (AimiS j imponente de majestad y permanece Iras ella, l arissol, introductor, soberbia. Antes de hablar ¡ansa a su. alrese adelanta hacia el trono. dedor una mirada llena de oríjidlo. Parece PAR. ISSOL. -Hermosa soberana: Hoy se seí uro de su triunfo) -Soy Horel, y mi cumple el plazo de un año que concedisteis reino está lejano. En él, por encima de los Tiara que ¡luicn solicitase vuestra mano os más altos montes, vi volar las á. sfuilas. ¡Kilas traiese el i) resente más bello de la tierra. si íjue están altas! Bajo sus garras, las Cuatro jíaliardos p r í n c i p e s lian acudicio. cimas del Himalaya son sólo como cimeras Cada uno de ellos cree liaber satisfecho refulgentes de un ejército en marcha, allá ¡nejor vuestro deseo y ser el leijítimo acree- abajo, en la llanura infinita... ¿Quién es dor a vuestra mano. Esperan, pues, vuestra el rey de esos pájaros soberbios? así prereal venia para mostraros los bellos teso- sunté a niis ancian- os venerables, y ellos me respondieron: Es un ásíuila inmensa ue ros de que son portadores. RAÜAKI, (S. n moverse apenas, entre ios todas las mañanas viene a beber ¡os ¡iridrationcs de oro de su sUla) -E. stá bien, meros rayos ríe sol a la aguja del más alto alnn nar de Arioska, la capital de tu podeParissol. Hable el rimer príncipe. G. M. OK (Da, arrof ante, dos pasos al fren- río. lí tínicamente podía vérsela, y, por te, y con él. sn paje) -Señora: me llamo tanto, sólo allí era fwsible cazarla, pero ninCalor; mis Estados e. stán en el corazón del gún arquero tenía brazo y ojo suficientes Asia. Ricas maderas, sedas y piedras finas para plantar su flecha en tal altura. Y ella, trabajan mis vasallos. Queriendo traero. s el así invulnerable, reinaba más que yo st) bre presente mejor, pen. é ue en el punto más mi propia capital. Fui. pues, a su encuenelevado de la tierra se hallaría, y subí al tro, y, arriesgando mi vida cien veces, lleEverest. Solo, pues nin un- o de mis liom- gué a situarme una noche en el lugar del rcs era ba. stante fuerte para sesruirme. No alnn nar (jue ella iba a ocupar a la madruos describiré las penalidades ue hube de gada. La vi venir. Mi cimitarra temblaba st) portar ni los trabajos que acometí, l ás- de coraje e impaciencia en mi mano. Cayó teos saber ue allá, en la cima, sentado en sobre mí, atacándome furiosamente; pero, xm trono de rocas, hallé a un sisantesco auntjue. por tener que agarrarme, sólo porcv. Permanecía en meditación, contemplan- día luchar con un brazo, logré herirla de do al mmido. ue a sus pies bullía sorda- muerte. Su corazón cayó al fin a mis pies, mente. Eos primeros rayos del sol y las úl- y hallé en él tales propiedades, que os lo titnas escarlatas del día rozaban su frente traigo como el tesoro más preciado. -Os basantes de iluminar el suelo. Pero, en medio tará tenerlo en la roano para sentiros libres de su s- obcrbia, bostezrdia lletio de hastío. de asechanzas rastreras y de bajas conju. Al verme aparecer dio ima E? ran voz, di- raciones. (Quita el cobertor, y en la banciéndome: Qué buscas aquí tt i, libertaílo deja, como un pedaso de coral, muéstrase de la Humanidad, que has buido de la ga- el coracón fosilisado. rra del llano v vienes a respirar el único RABAIÍL (peiisati ivj) E, stimable es tu joya, aire puro? V eng O por tu tesoro mejor temerario Horel. Pero aún he de oír a tus- -le d ie fieramente- lo necesito para allá dos competidores restantes. Muestre el terabajo. Se cebó a rár con desprecio y con- cer príncipe lo que trae. testó, ya sin mirarine: Mi tesoro no pue (Avanj: a Mossol. Más que príncipe, pades llevártelo: es mi iiitelij -encia. Yo he rece- un jiicflar. Su cortejo apenas es zisvisto cuanto ha ocurrido en el mundo y tnso. En sus botas lleza poh o de los capuedo recordar la historia del Universo minos. cuando (piiera. ¿Cómo vas tú a cartear con Aío. ssoL. -Yo soy Mossol, señora, prínsemeiantc noder? lüntonces yo, indijjnado, cipe desterrado de un pueblo guerrero. Mi viendo el desprecio le aquel sjisíante, saqué padre, famo. sísimo caudillo de qin en habréis mi espa; la. le corté la cabeza y partí con oído hazañas, pues trajo sus soldados basta ella bajo el manto. Durante mi desceu. so, vuestras fronteras, ninrió peleando recia! a cabeza se secó y de sus profundidades mente, como el tnás feroz de sus campeocayó im- objeto duro. E r a un brillante enor- nes. Yo, en cambio, abandonado a mis anme. Os lo trai. afo como joya incomparable, cianos maestros en un rincón de palacio, porque tiene una extraña propiedad. Al pre- aprendí, aparte de algunas leyendas épicas, síimtarle sobre cualquier suceso pa. sado, en templanza, trabajo y paz. Vi, desde la to, su faceta central se refleja la luz de aquel rre en c He se abría mi biblioteca, que todas liemiio y pasa ante nuestro- asombro la ver- las calamidades asoladoras de mi país era. n dad del beclro. sin mixtificacióm al, íuna. Es, consecuencia tle las guerras. Y soñé ima pues, el más estimable libro de bi. storia. paz perfecta para mis vasallos v anhelé tam. (pií lo tenéis. (Onita el cobertor de la ban- bién para mis enemigos iguales beneficios. deja y miiestra el brillante. La reitm, ad- Soñé, pues, la paz universal, y con esta mirada, se le- a tta y desciemlc mi- escalón teoría, ya heredado el trono, quise gol) erPara contemplarlo mejor. Se repone, (d fin, nar a mi nación. Pero los guerreros bostede su asombro y I ¡CIT a sentarse. zaban en sus tiendas, incapaces de emplear l- ÍAn. vKi, -Hermoso es tu presente, intré- sus hierros en los trabajos de la agriculpido Calor: pci o veamos lo que traen tus tura y de las artes... Recordaban las anti-