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LETRAS, APv. TES, CIlíSCIAS ciera el inocente Carlos todo lo posible por dilatar su vuelta a la capital de sus reinos... Sabiendo los buenos religiosos que el Rey se holg aba niucbo con eí ejercicio de la caza, que cotidianamente practicaba en los montes de El Pardo y de La Zarzuela, siguiendo la costunilíre cíe su progenitor, or, a; anizaron una Cíicería en los agrestes y por el entonces casi selváticos contornos de! Monasterio, para cuyo mejor efecto prepararon la presa de un enorme y. fiero jabalí, que, inuerto por el Rey de un solo arcabuzazo y abierto en canal, pesó catorce arrobas. En los días sigui: entíes liubo caza de corzos y venados. Gomo también d o n Carlos, a fuer de buen español e hijo de su padre, mostraba particular afición por las fiestas de toros, soltaron unos novillos de la g a n a d e r í a coniventual para que hiciesen presa en ellos unos dogos ingleses, que e r a n los ejemplares más fieros que había en las reales perreras. En los estanques de La Fresneda botáronse BOX. 4 MARIANA i lí. AnSTKl. 4, LA TÉTRICA MADRE DEL MONARCA unas precio. sas góndolas ornamentos que hasta entonces tenía el te- construidas por un ingeniero naval llamado soro de la comunidad. Carlos Ravasquier, sieildo lo que más podeInstaláronse Carlos II v- su madre, -doña rosamente excitó la admiración de la conMariana, en las habitaciones del Palacio, currencia n magnifico bergantín de 37 pies contiguas a las c ue ocupara el fundador del de largo, soberbiamente empavesado y alhaMonasterio, que ya entonces se conservaban iado, tanto que cuando al año siguiente vificorfo reliquia de aquel Monarca, y en ellas le D. Juan de Austria I Pequeño) como hicieron propósito de recogerse por una re- llamaban al bastardo de Felipe IV y de La gular temporada, que por expreso gaisto Calderona. exclamó maravillado de la solidez y hermosura de la dicha nave: del Rey fué de cuarenta días. En el si. guiente de la llegada, el prior, -Yo no tendría inconveniente de pasar en fray Marcos de Herrera, ofreció en su ella el Golfo de León. misma celda a Sus Majestades una esplénSi no eran saraos cortesanos y funciones dida comida, que sin duda hubo de aliviar- de teatro, toda suerte de diversiones orgales muclio de las colaciones que solían ha- nizaron los frailes porque no se aburriera cer en el Alcázar de Madrid, pues que la su católica Majestad los días que se dignase mala administración de mayordomos y mi- pasar entre ellos. nistros obligábanles las más de las veces a Don Carlos, a su vez, parece que cobró comer la olla cotidiana con más carnero que afecto a los benditísimos padres y permitíase vaca, y aún se cuenta ue una vez el viejo con ellos algunas burlas caie los tales conbufón, conocido por el Tío Alanoiülo, tuvo sentían por ser vos quien sois aunciue ue sacar de su faltriquera un real de a acaso allá, en el fondo de sus habites, no ocho para pagar el postre de la Reina; ¡qué hiciérales mucha gracia, nracho que, luego de este copioso ágape, hiEra una de las inocentadas que iriás re-