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LETRAS, ARTES, CIENCIAS Patrañas de la Historia. UNA BURLA INFANTIL DE CARLOS M de los pocos que no han dejado tras sí una estek. galante, ni siquiera la brisa perfumada que en todos los palacios ha dado el gentil revuelo de unas faldas. Todas las cosas que se saben del melancólico Carlos II, así en la infancia como en la mocedad, son cosas de chico; A este propósito traeré a cuento una inocente chiquillada del hechizado Soberano. Aunque criado desde su infancia en la más austera religiosidad, hasta el punto de que aun cuando a los diez años no sabía leer ni escribir conocía al dedillo el Catecismo y la Historia Sagrada, y ayudaba a misa como un monaguillo, aún no tenía ia menor noticia de la mayor gloria de su cristianísimo bi. sabuelo, que es el Monasterio de El Escorial. En el otoño de 1656 cayó en la cuenta de este inconcebible olvido, y muy conforme con sus principios devotos hizo propósito firme de repararle y allá se encaminó con toda su austera y luctuosa Corte. Gran contento recibieron de esta merced los buenos monjes Jerónimos, celosos conservadores del panteón de la Monarquía, e hicieron cuanto estuvo de su mano y de su hacienda para recibir al regio huésped con EY niño fué durante toda su no muy dilatada vida el infortunado Carlos II, último Monarca de la dinastía austríaca e iniciador inconsciente de las luchas fratricidas que desde entonces hasta el último teixio del siglo x i x ha sufrido España. Cuando había de ser hombre, no se lo consintieron el desmedido fanatismo de su madre ni las intrigas cortesanas, que por muy entero teníanle dominada la voluntad; por dos veces le casaron y las dos veces pasó por el matrimonio como hubo de pasar por la vida, sin darse cuenta de cuáles eran los deberes que le correspondía: n coiaio esposo y como Rey. Así, pues, no es mucho que en los cortos espacios que se lo consexitía su alto menester sacase la levadura infantil, que no le abandonó hasta el supremo momento de la muerte. No quiere esto decir que, embarazado por las oblis aciones que le exigía el Gobierno de sus Estados, quedárale poco tiempo para entretenerse en niñerías y nonadas, sino que las intrigas de la Corte y los manejos de la Reina madre no le dejaban ni por un instante reinar como Soberano y conducirse como hombre. De tal suerte es así, que este Monarca es R L A MAYOR GLORIA DE SU CRISTIANÍSIMO BISABUELO, QUE BS EL MONASTERIO D E E L ESCORIAL, (FOTO BUIZ VEE fACCr