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I. ETRAS, ARTES, CIENCIAS con la intención malhadada de robarle en un momento la prenda tan deseada. Pero diz aue le salió la criada respondona, porgue cuanto más sopló más la capa se plegó al cuerpo de la persona. Entonces el Sol, luciente, ue le estaba contemplando, le dijo así: ¡Qué inocente es lo qne estás practicando, y además improcedente. Ya verás tú con qué modo, con cfué maña sino- ular, le voy yo solo a robar, no digo la capa, todo cuanto le quiera C uitar. Fíjate y observa atento. Y entonces el Sol, con tiento, al de la capa envió un rayo que empezó lento y ardoroso concluj ó, Y el hombre, con el sofoco producido por el rayo, cuentan que faltóle poco para sufrir un- de. smayo o para volverse loco. Eii un banco se sentó, la capa allí se quitó, la dobló y puso a su lado, y el semblante se limpió por el sudor empapado. 1 Sol, que estuvo acechando, le quitó la capa él solo y corrió a. dársela a Eolo, que ya le estaba esperando en un café con Apolo. Di iole el Sol: -Cuando quieras satisfacer tus intentos, emplea suaves maneras; ne digas frases groseras ni uses malo. tratamientos. El Sol dijo la verdad; aceptemos la lección: mientras haya Humanidad, la maña y la habilidad vencerán a la traición. Ahora quisiera embozarme, con el fin de recrearme en mi capa idolatrada; pero la tengo empeñada, y ya no puede abrigarme. Fuera mi dicha completa con. servarla en mi poder... mas no tengo una peseta. Me embozo en la papeleta y e. xclamo: -i ¡Cómo ha de ser! Tomás Luceño. (lLCSTKACIO. KS DE SA. N CHA)