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r SEMBLANZAS FEMENINAS JI U J K K Y T. 4 A S A Gloria Bayardo, o el Fervor Lírico POR CRISTÓBAL DE CASTRO OS h a 11 a m o s ante un renacimiento lírico inesperado, sorprendente. España se aparece como dominada por el arribismo y el deporte. T r i u n f a n p o r doquiera el músculo y la prosa vil. H a y cola en las taquillas del fútbol, de los toros, del boxeo. Llenan column. is y columnas los periódicos e x a l t a n d o la fuerza bruta. Y de repente una argentina, Berta S i n g e r man, misionada, como el Bautista, por Dios- -fuif homo mis sus a Deo, eui nomen erat Jo añil en- l e v a n t a en vilo al público de la Comedia recitando versos. N o es m i l a g r o sino serie f e c u n d a de ellos. Porque tras Berta Singerman, precursora profesional, aguerrida, veterana, surgen, tanto en provincias como en Madrid, recitadores nuevos que también animan los teatros y obtienen éxitos felices sólo al conjuro d e l a estrofa. Así la distinguida escritora Regina, el fino dramaturgo Gonzalo Valero Martín, la cancionista Adela Vicente. Y en las diarias diiíusiones de la Radio, Juanita Azorín, Carmen Revenga y otras recitadoras y recitadores van popularizando a los poetas entre el gran público, que, en el transcurso de dos, años, afina su sensibilidad, depura su gusto y prepara el advenimiento de una era lírica palpitante ya en las entrañas nacionales. Este renacimiento dé la Poesía adquiere valores magníficos con la aparición ante el público español de otra artista argentina, Gloria Bayardo, en quien se unen brillantemente el temperamento y las facultades con rara opulencia. Gloria Bayardo, majestuosa y arrogante como una trágica noruega o como una Valkiria alemana, tiene la flexibilidad felina de una francesa y el ímpetu ardoroso de una española. La artista está en sus interpretaciones tan humanizada por la mujer como la mujer ennoblecida por la artista. Diríase dos alas en el vuelo o dos manos en la oración. N Cuantos escritores y dramaturgos asistieron a sus recitales poéticos vieron en esta dualidad, tan rara como grande, la presencia avasalla ft d o r a del numen. Desde que sale a escena siente el público los efluvios de su fervor lírico. Todas I V F j sus actitudes, todos sus gestos, todos sus silencios, todas sus palabras guardan una armonía perfecta. El numen la dirige y la guía con su batuta sobrenatural e invisible, pero perceptible y sensible al alma. De lo patético a lo cómico, Gloria Bayardo va expresando todas, las emociones humanas con la intensidad y el fervor de un colega de Eurípides. Sin otros elementos dramáticos que su persona y su palabra- -como decía Saint Víctor de Shéridan- abre en la sensibilidad del público surcos más hondos que muchas compañías de fuste. Su criterio, absolutamente ecléctico, favorece! a popularidad de sus recitales, que, si se enjoyan con magnates como Rubén, no excluyen a los Musagetas del arroyo. En sus programas, varios y amplios, abundan los vates de América, no por puerilidad continentalista, sino porque Rubén, Amado Ñervo, José Asunción Silva, Guillermo Valencia, El duque Job. Santos Chocano, Alberto Ghiraldo y tantos otros son dignos de la admiración española, Gloria Bavardo es la intérprete emocionada de Paúl Valery. Continuadora, no distinta del poeta, no expresa, sino crea las estrofas. Diríase que van surgiendo de ella misma, ideadas por su fantasía, rimadas por su numen personal. De ella puede decirse lo que Osear Wilde de Irwing: No es el intérprete de Shakespeare, sino su recriador, su renovador. Quienes supongan hiperbólico este inicio, acudan a los recitales de Gloria Bayardo, verdaderas, auténticas, profundas fiestas de Poesía. Cristóbal de Castro.