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ARTISTAS ESPAÑOL- AS (La P r e c i o s i 11 a A lo dice su nombre: gracia picaresca, belleza morena y frágil, alegría y madrileñismo. La Preciosilla es- -y lo tiene muy a gala- -madrileña de los pies a la cabeza Madrileña y verbenera. Cuando estuve en América- -dice- lo único que sentía era la ausencia de las verbenas de Madrid. Mi Florida en las noches de Junio, con sus puestos de churro y sus macetas de albahaca, y sus manólas de papel en el pescante del coche. Y hasta mis oídos, en aquel país lejano, parecían llegar las notas dulzonas de los organillos de mi tierra... Como allí era popular Pepe Conde, cantaba con toda mi alma aquello de ¡Ay, mi Madrid, mi Madrid, -mi corazón es tU 3 o! Y luego me echaba a llorar como una boba... Ese aire verbenero, zumbón, desgarrado y sentimental del viejo Madrid de San Antonio de la Florida es el que ha llevado la Preciosilla a los escenarios de variedades. Y gracias a él su arte triunfó también en América. Debutó, siendo uíia niña, en el Petit Palais, y sus triunfos, cada día má. í auténticos, colocaron a la Preciosilla en la primera fila de las artistas de varietés. Su desenfado, su picardía, su gracia arrabalera fueron la justificación de una rápida popularidad. En América no ha tenido Madrid una embajadora tan aplaudida y festejada. América le ha dado una fortuna, que la Preciosilla ha ido trocando en joyas y recuerdos caprichosos. Y en América se la recuerda siempre con admiración. En plena juventud y hermosura, halagada por la fama y el bienestar, la Preciosilla sólo tiene una pasión: su arte, y a su arte sacrifica su vida entera. Porque nada- -dice- -puede compararse al aplauso del público. En él hallamos la mejor y más halagüeña compensación. Presume de eso que llaman casticismo para oponerlo a la balumba catprichosa de las modas extranjeras. Un mantón de Manila, unos compases retozones de chotis y mazurca, un manubrio y mucho sol... ¡Madrid, viejo Madrid de los poetas, de las castañeras y de los blandos cafés de barrio! La Preciosilla es madrileña de entonces, y no por los años, sino por las aficiones, sencillamente: aficiones de chiquilla de Arniches. Y eso es lo que representan sus cuplés. Vayan o no envueltos en aire de fox o de charlestón, las canciones de la Preciosilla tienen un dejo muy de saínete de Embajadores. Su picardía empieza y acaba en el gesto y la expresión, porque la letra más anodina y sentimental se hace insinuación cuando la artista es, como la Preciosilla, madrileña y verbenera. Y