Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
EL, T E A T R O fortuna, La escuela de las coquetas. Física experimental. El gran filón, La cabeza a pájaros, La llave de la gaveta y otras muchísimas obras, cuya enumeración sería interminable, constituían su género y daban idea exacta de sus aptitudes. En la plenitud de sus facultades emprendió una excursión a América hacia el año 1850, en unión de su hermano Juan, excelente galán, y de la eminente actriz Matilde Diez. De su actuación en el Nuevo Mundo dan fe multitud de artículos encomiásticos recogidos en sendos opúsculos publicados en Méjico y en Palma de Mallorca, de uno de los cuales- -el de Méjico- -tomamos el retrato que ilustra hoy estas páginas. Regresó a España a fines del año 1859- -dueño ya de una considerable fortuna- y en 1860 tomó en arrendamiento el teatro Español, del que fué primer actor y director durante mucho tiempo. Aquí comienza la verdadera importancia de Manuel Catalina, cuya infl. uencia en el arte y en la literatura fué tan decisiva como provechosa. Más atento al brillo de la escena que a las utilidades del negocio, agotó, impávido, su fortuna, por sostener el decoro del arte en medio de la depravación y del mal gustó que entonces reinaban. Mientras el ilustre artista luchaba por la buena causa con adverso resultado económico, se enriquecían en la Zarzuela los Bufos madrileños. El organizó verdaderos cuadros de compañía, de los cuales no hay ejemplo en la actualidad; él dirigía y ponía las obras en escena de manera tan perfecta, que la vana ficción convertíase en realidad encantadora; él alentaba a los autores dramáticos, comunicándoles unas veces su entusiasmo y accediendo otras a cuanto ellos solicitaban ó proponían. Espléndido hasta la prodigalidad, siempre había personal de sobra en sus compañías; en el decorado, vestuario y atrezso se pecaba siempre por carta de más... y en la esfera de las relaciones sociales muchos hicieron objeto de explotación aquella su inagotable generosidad. Su fortuna amenguaba considerablemente y no bastaron a conjurar el conflicto que había de: acarrearle la ruina diez y ocho o veinte años de ruda y tenaz labor. Del Español pasó a Jovellanos; de Jovellanos al Teatro- Circo de la Plaza del Rey, y después de varias campañas tan provechosas para el arte como ruinosas para su bolsillo, hizo la temporada de inauguración del teatro de Apolo, temporada que fué el golpe de gracia para el notable actor; en ella perdió 15.000 duros. Se realizó un abono considerable y el teatro estuvo animadísimo toda la temporada; pero Catalina, fuera siempre de la realidad, formó un presupuesto fantástico, imposible de sostener aún en el caso más favorable. Arruinado ya, tuvo que amoldarse a las circunstancias y formó compañías modestas, con las que hizo algunas temporadas en la Alhambra y en el Español. Con el peso de los años vino Ja inevitable decadencia del artista, y con ella vinieron también los días de amarga soledad, de criminal abandono, de negra ingratitud; días más tristes y más lúgubres para aquel que ya no tendría tiempo de aplicar a nuevos hechos y a ocasiones nuevas la dura enseñanza de una experiencia inútil por tardía. Aquel actor inimitable en su género, aquel empresario espléndido que había sacrificado su trabajo y fortuna en aras del arte, aquel caballero perfecto, aquel hombre que prodigara a manos llenas toda suerte de favores, por lo cual se encontró rodeado de mayor número de amigos del que podía pacientemente soportar... vióse en los últimos años de su vida abandonado de todo el mundo perdido en la áspera soledad de una ciudad populosa como Madrid. ¡Con qué amargo desdén debía despreciar a la humanidad aquel espíritu superior en presencia de una realidad tan grosera y tan descarnada! Manuel Catalina fué, además de todo lo que queda consignado, un literato distinguido. l5 e una mediana comedia francesa hizo él una comedia preciosa, la titulada Por derecho de conquista, título simbólico en cierto sentido, con la que Matilde Diez alcanzó uno de sus más brillantes triunfos. Bien es verdad que el papel de Matilde está hecho con verdadero amor y que la ilustre actriz puso en la interpretación toda su alma de artista. Por derecho de conquista murió con Matilde además de la literaria la obra moral más importante de Catalina podría también titularse Por derecho de conquista. Compuso, además, Catalina, numerosas poesías, que se publicaron en periódicos y revistas de su época e hizo otras refundiciones y arreglos para la escena con evidente acierto. El 26 de Julio de 1886 murió en el mayor desamparo Manuel Catalina. Digno era, en verdad, de haber terminado sus días en mejores condiciones; bien que la fortuna, como mujer, no suele favorecer al que más lo merece. Si es cierto aquel aforismo filosófico que parece inventado para fomentar y suavizar las relaciones sociales, de que a los hombres hay que tomarlos como ellos son a Manuel Catalina- -que era un excelente cómico- -no se le podía tomar más que de una sola manera. En serio. Al recordarle hoy con todo el respeto que nos merecen las glorias de nuestra escena creemos cumplir un deber de reparación y de justicia. Yictorino Tamayo.