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DEPORTES wuiin iumiiniHiuuiiMi i iiHitiii iii i i: ii i m iL ii: i Li it lili nuil II ti i DE LA HIDROAVIACIÓN Las Sufridas, Heroicas Alas de España POR TOMAS DE MAETIN- BARBADILLO A nuestras plantas se extiende la bahía de Algeciras, y allá en el fondo, entre azuladas brumas, la mole formidable del Peñón. En primer término, un torpedero finísimo que apenas sobresale de Jas aguas; a la derecha, las siluetas del Méndez Núñes y el Blas de Leso, dos cruceros veloces como galgos, que pudieran confundirse con destroyers grandones. Más lejos, empenachados de humo, e! Alfonso y el Jaime. bajo apáganse ante la bárbara intensidad del jadeo del corazón del ave mecánica que, tras desenfrenado deslizamiento, realmente vertiginoso, abandona el mar azul y en diagonal pronunciada sube, sube a embriagarse de ese otro azul infinito, que es el cielo de nuestra Patria... Más tarde, otro hidro sigue al primero, y luego, otro más. Y como por ensalmo, sobre cubierta de la mágica nave que aloja en su seno las sufridas, heroicas alas de España, acaba de EL D É D A L O Y E N E L AIRE, EL DIRIGIBLE S C. A. A la izquierda, presentándonos su popa redondeada y alta, el Dédalo, buque portaaviones de la escuadra. Cerca del muelle de piedra, un torpedero francés nos habla con muda elocuencia de colaboraciones salvadoras en la gran obra común de civilización. Aquí y allá roncan las motoras de los barcos de guerra que van y vienen sin cesar, alborotando a su paso las dormidas aguas. De la gran plataforma del Dédalo izan un hidro, que muy luego es depositado sobre las olas. A poco, tras dos o tres explosiones aisladas, el zumbido poderoso inconfundible del motor puebla los aires, y el aparato comienza a deslizarse a medios gases, proa a tierra, para tomar carrera. Ha virado y, cara al viento, parte disparado como una flecha hacia la boca del puerto, saltando sobre las aguas y dejando atrás blanquísima estela hirviente y espumosa. Los mil rumores de mar y tierra que forman en su conjunto el diario himno del tra nuil surgir un pequeño dirigible amarillento, semejante a un monstruoso pez volador. Tras rápida maniobra, la nave aérea es abandonada a sí misma, e impulsada por sus motorcitos, también ella, herida por el sol que la hace toda de oro, remóntase majestuosa y lenta en grandes espirales airosas. Y ahora la bahía ofrece un gran golpe de vista bélico, que pregona la inminencia de acontecimientos impacientemente esperados. En efecto: cuando estas líneas aparezcan ya los cañones de la escuadra y las bombas de aviones e hidros habrán abierto a los soldados españoles el camino de las guaridas donde tiene su asiento la rebeldía contumaz, y para ese día este puñado de muchachos que nos muestran corteses las maravillas del Dédalo, lejos de las dulzuras de tierra, renovarán las proezas del pasado otoño con ocasión de la evacuación de la cuenca del Lau, en cuyas operaciones, Ilill I iri j