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lOLLAN ASTRAT CON EL JEFE ACTUAL DEL TERCIO, COBONEL FRANCO el problema pedí, y obtuve, ser destítiado a Jas órdenes del alto comisario. A los tres días me concedieron eá empleo de coronel, V cuando iba a tomar Jm a n d o de nñ columna caí herido. Ya lo isabe uísted todo, y puede relatar lo roe quería. -Bien. í Y cómo cayó herido? -i HomÜre! Eso se liá relatado otras veces. Pero yo qmero oírsdo a usted, prntiue no debo thurtarle al lector la emoción del relato de ttn beciio vivido -Pues yo iba en mtío, acompañado del srlorioso Toptíie, en erección al Fondak, y a la altura de Tauites, nos encontramos con fuerzas de la columna del coronel Góngora. que sostenía fuego con él eneniJso. Echamos pie a tierra, y a campo traviesa- -no encontramos caballos- nos dirigrimos al encuentro del cormidí para prestarle ayuda, si fuese necesaria. De pronto, y cuando descansábamos de una carrera desenfrenada, nos encontramos entre una guerrilla. formada por soldados del resnniiento de BursTos. Y x unos días antes Iiabía arengado a estos so ásíáos, que me biciefon un redíñm ento entusktsta en su ficsicsón, y c r á que al oiaxitrármdos en el campo de combate ddÍMá nuevamente arencarlos. Me adeüaoto. y en él momento e n que iXm. ti brazo en aSto litaba: ¡Soldaidos de Barcos- sonó la descarsa- cayó d tpobre Topete para n o levantarse más, caí yo con d brazo atravesado. Lo que. v después será para un i n c r i d e La etKirilla, despreciando d p d j o se poso en pií y r o deáBdome. colidáidatDe coa sos OKiipos. me Tetiíanm d d campo. Los soldados de BnniDS üesen tra I i a r fHefébneníe en tsá corazÓD. V alÍKiraw- -Poes, abora- -entero y Mi ssá- mo íserá siempre d mismo, y cnis proyectos de or anización s rttirán addaaite. Hay macho que hacer. Se han adoptado nuevas doctrinas, que el Bstado Mayor llevará a ía práctica. Nuestro Ejército está en momentos de g a n d e s reorganizaciones. Es preciso tener tm Eiércáto moderno. Con a r r o a nuestra historia y a nuestro suelo necesitamos un Ejército ligero, con nuirfjo armamento y muy ¡maniobrero, pues no cabe olvidar nuestro abolengo de guerrilleros. ¿Qoé recuerdos tieae usted más agradaMes d e a i vida militar? Ha (do tan acteídentada! Pero estos días he recordado algo que n o se r e re a tsá, pero que para a n fué de gran satisfacción. Durante mis etapas en Francia n o htibo jefe n o f i c de su E! iércíto que n o me hablatse con extraordinaria admÍTación de nuestro Rey. En la Casa d d Soldado, en Vepsalíes, se cdebró ccm mi asistencia d solemne descubrinriento del retrato de Alfonso, X I I I colocado entre los d d R de Bélgica, y ád mariscal Jofre, y en la escuela de Saint Maixent, en una prisse ¿tarmes, a la que asistí, d general Boria me colocó en d centro del cuadro y arengó a las fuerzas, hab ándoles de ía gratítad que debían al Rey de Eq aña. Este es. d únic recuerdo que e i estos momentos quiero hacer consÉar. Y d oocond Mfflán A i a y cogiendo con la dKstra la m a i n brazo d e su uniforme, levantaba la tsibeza en d sjesto ga ¡lardo y ipectdiar con que tantas veces arengó a ios caballeras ée. la muerte, oí condocxiJes a la victoria. f mereJe. SBe