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EL TEATRO español durante un cuarto de siglo, y otros muchos cuyos nombres están en la memoria de todos... En el capítulo de artistas que desfilaron por las tablas del corral del Príncipe y, por último, teatro Español, merecen recuerdo preferente Jusepa Vaca, célebre por su belleza y por sus devaneos, que tanto hicieron penar a su marido, Alonso de Morales; Jerónima de Burgos, grande amiga de Lope de Vega y de otros contemporáneos suyos; María I. advenant, asombro de su época, sobresaliendo en todos los géneros que pueden cultivarse desde la escena; Rita Luna, gran trágica; Jerónima Llórente, que a los quitar los antiguos bancos, substituyéndolos por lunetas forradas de terciopelo azul, y trocando la cazuela en galerías. Por entonces aún llamábase teatro del Príncipe, no habiéndose denominado Español hasta 1849, a raíz de la reforma hecha por el conde de San Luis, que encomendó a Espalter la pintura del techo y otros trabajos de ornamentación que contribuyeron a adecentar el local. La última reforma es casi de nuestros días. Allá por el año 1894, cuando María Guerrero formaba parte de la admirable compañía que Emilio Mario acaudillaba en el teatro de la Comedia, salió a concurso MATILDE DIEZ MARÍA GUERKERC TEODOKA J. AMADllID diez y ocho años representaba con peluca, dando perfecta sensación de ancianidad; Matilde Diez y Teodora Lamadrid, ante cuyos méritos los elogios palidecen; Pepita Hijosa, encantadora ingenua. Y del sexo feo, el gracioso Juan Rana, el gran Máiquez, Carlos Latorre, insuperable en los dramas de fuerza; José Valero, intérprete incomparable de Luis XI; D. Julián Romea, todo distinción y atildamiento; Dárdalla, que en los tipos agitanados no tenía rival; el elegantísimo D. Manuel Catalina; don Pedro Delgado, a quien se debe la popularidad de Don Juan Tenorio; Mariano Fernández, que hizo desternillar de risa a nuestros padres con su copiosa colección de chalecos estrafalarios, y, en fin, Vico, los Calvo, Emilio Mario, Miguel Cepillo, y tantos más. el Español, y, solicitado por D. Ramón Guerrero, padre de la ilustre actriz, le fué concedido. El antiguo corral del Príncipe se hallaba en estado semirruinoso, habiendo sido clausurado pocos años antes para derruirlo. Don Ramón Guerrero gastó en las obras una fortuna, que fué sobradamente compensada con el triunfo clamoroso de su hija. De esta reforma data el severo decorado de la sala y vestíbulo, las pinturas que para embocadura y telón hizo Antonio Gomar, la instalación de luz y las cómodas butacas, de recia estirpe española. Pero los años no pasan en balde, y el edificio valetudinario requiere un nuevo remiendo para vivir. La época más floreciente de este teatro fué durante la actuación de los ilustres actores María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza, que, después de largo paréntesis, El coliseo clásico ha sido objeto de varias han resurgido ahora en una breve temporeformas en el curso de su dilatada existen- rada, que es de esperar no sea la última. cia. Hasta 1840 conservó el aspecto de co C a- rral destartalado que tuvo desde sus orígenes en dicho año D. Julián Romea hizo