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IXBGADA DE Ul COJÍITrVA A SEÑORA Bodas históricas. EUGENIA DE MONTIJO Y NAPOLEÓN Uí POR RAMÓN PASTOR Y MENDIVIL UCEN espléndidas las anchurosas salas época fugaz, obscura y pobre para la cródel palacio de las TuUerías; van y nica social, de democracia republicana, y vienen, cruces y bandas en d pe- la vuelta otra vez, en la luminosa algaracho, los cortesanos del Imperio, y flota bía de este baile imperial, a los ostentoen el ambiente un no sé qué de entusiasmo sos uniformes de antaño y a las galas polícromas de los tocados femeniles... y de triunfo. A más, soltero el Rey y joven, la sugesEstá en auge otra vez, rutilante y esplendorosa, la buena estrella de los Bona- tión de tma privanza hase aferrado en más parte; ha vuelto del destierro la familia, de una cabeza, y bulle en otras, sin la torpe han cesado las persecuciones, y, arrojado ambición, la perspectiva esplendorosa de del Trono Luis Felipe, la Revolución ha unas fiestas brillantes que las bodas reales abierto las puertas de Francia a Luis Na- pudieran motivar. Así, la princesa Matilde, Adela de Hohenloe, Carolina de Wasa, poleón. Audaz el príncipe- -un ciudadano ante y otros tantos, son nombres obligados en el Gobierno provisional- a la vuelta de intrigantes camarillas, y, sagaces, algunos su refugio de Inglaterra, y al amparo de rinden culto además a Eugenia de Montijo. sus ideas liberales, de sus estudios societaY, sin embargo, la condesa de T Á a rios, de sa fama de francmasón, ha sido- -jMontijo por su madre, Guzmán su randiputado, primero, presidente, después, de cio origen granadino, veinticuatro sus años la República fugaz, y Emperador, al fin, mozos- -no es bienquista en el coro de por victorioso plebiscito. aduladores palatinos, que acaso x ¡xi dia, en En el ambiente flotan aún aclamaciones los übores de ía restauración, creyeran entusiastas, brillan los destellos triunfales ver en su acendrado bonapartismo la intrien las pupilas cortesanas, y es todo rego- ga astuta de una posible favorita. Su conducta serena, su dignidad intachacijo en la noche mundana de este 2 de Enero de 1853, en que el Emperador ha ble, tai vez su orgullo, ante la insidia cac o n g r a d o por vez primera a la Corte en lumniosa, laten aún en el recuerdo cortesasus salones suntuosos. Diríase que, al re- no, y su salida de París a los primeros anudarse la tradición brillante de las fies- amorosos avances de Luis Napoleón ha sido tas del primer Imperio, París entero ha interpretada de pretencioso alarde y de amsaludado satisfecho la desaparición de una bición exagerada... Y el fatihowg parisino. L