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L 111111 mi II mi 151,11 íui ¡nii; i 11,1 iiH 111! H. ri im. i 1 iijij. yii i i u j y i y m 11 i m u i i i.i jj. iiiji. iii, u 111 Residencias campestres. VALDESOTO DEL MARQUÉS DE CANILLE AS C O motivo de la reciente visita de Su AlteN za Real el Príncipe de Asturias a aquella hermosa región de España se habló mucho de esta magnífica posesión, habitual residencia del grande de España marqués viudo de Canillejas y de Gastañaga. Es, en efecto, una de las mejores del Principado, pues a sus encantos naturales y a su inmejo- rabie situación, que la coloca en una altura a dor de la fábrica de loza, cuyas piezas en blanco y azul hacen honor a esta rama de la industria española, y de la que se admira en el comedor de la casa una artística vajilla. Otro curioso lienzo es el retrato, firmado por don Vicente López, reproduciendo la efigie de un glorioso ascendiente de los Canillejas, D. Pedro Vcreterra, más conocido por Pedro Navarro, ingeniero de Minas que realizó notables obras y a FACHADA DE LA CASA PAL- ACIO cuyo frente- se extiende todo el panorama de la cordillera cantábrica, une los que le prestan los asiduos cuidados que a sus jardines y a sus huertas consagra este procer, que siente pasión por la agricultura y la floricultura; así, ha convertido en poéticos vergeles todos los terrenos que circundan la antigua morada- -casa solar de los Carreños- en cuyo interior ha acumulado una interesante variedad de objetos arqueológicos. Contemplando los viejos retratas, la mente se remonta a la época de los fundadores de la ilustre casa, y aparecen como miembros más importantes de ella el célebre cardenal Inguanzo, el primer marqués de Gastañaga, creado por la majestad de Felipe V, y aquel marqués de Sargadello, fundaP quien el Rey Católico agració, en premio a sus grandes méritos y servicios, con el título de conde de Oliveto. Todo el palacio está decorado con muebles y tapices antiguos; los hay, entre éstos, góticos, de extraordinario mérito; en el patio central se admira una armadura ecuestre primorosamente cincelada, con dibujos de oro incrustados; otras armaduras, cañones y armas antiguas, y un oso cazado en aquellas montañas y perfectamente disecado, constituyen el adorno de este patio, que da acceso a la severa escalera de piedra, cuyos muros están adornados con jardineras de mimbre, que en los días de fiesta, como la celebrada en honor del príncipe D. Alfonso, se llenan de iii (iii