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ojos de su prenda no valían por dos estrellas, sino ¡Hasta de escarpias suelen servir las pestañas, por diez. pues pende de cada una de éstas el alma de un Los ojos de la. mujer amada, como se presume desdichado amante! Afírmalo, y es testigo de de ciertos mundos, están habitados; en míos vive mayor excepción, el insigne autor de Os Luel Amor; en otros, el Día. Dice Boscán: siadas: Amor en vueslios ojos muere y vive; t) s coraíjoes prende si los cerráis, él muere y él se cierra; com graia inhumana; si los abrís, él se, abre y él revive, de cada pestaña y tiro desde allí jamás le yerra. hum alma Ihe prende. Un poeta seudo popular mejoró así este pen ¿Puede j- a dudarse, dicho lo dicho, que otra samiento perversa cualidad de los ojos femeniles es la de matadores? Pues, a mayor abundamiento, por si Tus ojos copia. n el día; los entornas, y amanece; alguna duda queda, abramos una breve informalos abres, y el sol alumbra; ción en que declaren algunos poetas de los siglos los cierras, la noche viene. pasados. Y dice uno del siglo xv: Todo esto me parece muy en su punto, ya que Ojos negros matadores, ¿cómo no vos confesáis a pintores y poetas fué concedida mucha libertad; de las muertes que habéis hecho, pero nadie aprobará por cosa lícita que se elogie corazones que robáis? el relumbrar o relucir de unos ojos, en vez de su lucir o alumbrar; ojos que relumbran son de gata, Y añaden otros poetas del siglo xvi, Timoncda y no de mujer. Así, voto contra el poeta popular i el uno, en su Billete de amor, y Gaspar de Villaque cantó: lón el otro, en la Valenciana Academia de los Nocturnos: iSnoche te vi la. cara dentro de una platería; Ojuelos penetrativos, más relumbraban tus ojos sé que en vuestros desconciertos que la plata que allí había. sois desentierro de muertos y sepultura de vivos. Otra cualidad que suelen tener los ojos para i Son dulces en el mirar, los amantes es la de prendedores o alguacilescos. graciosos en el reir, Va un hombre tan tranquilo por su calle abajo temidos por el matar... o por su calle arriba y de pronto, cuando menos se cata, encuéntrase con una mujer cuyos ojos Del siglo XVII. En el Romancero general: le enganchan y sujetan como garfios: Al basilisco imitáis Son tus ojos alguaciles con, el mirar que tenéis; aue en la calle me prendieron, pues a cualquiera que veis, y tus cabellos sutiles con la vista le matáis. de cadenas me sirvieron. Un poeta popular de aquel siglo: Otros van reclutando gente Ojos matadores Son tus ojitos negros tenéis, señora. tan rcclntantes, Cómo la justicia que un ejército forman no los ahorca? j con sus amantes. Del siglo XVIII: Y si se contentaran con asir y reclutar, vaya; Sus ojos son dos mosquetes, pero es lo peor que ojos tales como éstos en un cada uno de los cuales decir amén se hacen salteadores: tiene por bala un doctor, y por taco un practicante. A tu cara le llaman Sierra Morena, Y por lo que hace al siglo xix, de las muertes y a tus ojos, ladrones causadas por el mirar de unos bellos ojos, dan que andan por ella. noticia los amantes populares en muchas de sus Tus ojos son ladrones coplas. Uno se siente morir luego que le miran: que roban y hurtan; Cuando en mis ojos clavas tus pestañas, el monte tus ojos negros, donde se ocultan. llamo al cura y le pido ¡Las pestañas... ¡Buenas púas están! ¡Amanlos Sacramentos. tes, no os fiéis de las pestañas, temibles cómpli- Otro pregunta con curiosidad a una de esas ees de los ojos! De ellas se valen para martirizar a sus víctimas. Estas lo gimen y lo cantan: mujeres que dan quince y raya al cólera morbo: Si con el mirar matas, Manojos de alfileres niña, pregunto: son tus pestañas ¿Dónde vas enterrando cada vez que me miras, tanto difunto? todo me clavas. Y otro, en fin, por no hacerme aún m. ás prolijo Otras veces la mujer las usa como flechas, sirviéndole las cejas de arcos. Así, por ejemplo, de lo que soj pide socorro, invocando con angusla mitológica Atalanta, según D. Jerónimo de tia a su madre para que le defienda de unos ojos basiliscos: Cáncer: ¡Madre, madre, que me matan! Eran sus bellas pestañas ¡Yo no me puedo valer! tan Rrandes y tan dispuestas, Son dos negros asesinos que por flechas las ponía los ojos de esta mujer! en los arcos de sus cejas.