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LAS RUINAS DEL HISTÓRICO CASTILLO DE VALLDIGNA POR CARLOS SARTHOU CARRERES ALL digna! y alie digno) ¡Valí digna. -rona. de Aragón; -era, el único que. extendía su, exclamó entusiasmado el Rey D. Jaime II jurisdicción, hasta cinco millas dentro del mar. El al asomarse, sobre la alta serranía, al hon- territorio que fué propio del cenobio cistercierise do valle de Alfandech, que defendían árabes cas- es un valle circundado de altas sierras, que afectillos. Y el serenísimo Monarca valenciano, agra- tan círculo abierto en forma de herradura, en, di- V Ruinas del claustro gótico del palacio del abad. decido a la divina protección por el éxito de la conquista- -dice el cronista Viciana- determinó edificar un templo a Nuestra Señora de Valldigna con monasterio de monjes Cistercienses, a quienes concedió con prodigalidad terrenos en las cuencas del barranco de Marifíén, y señalados privilegios. En la donación que Taime II hizo a fray Bonanat, abad de Santés Creus, entraba todo el citado valle, con los castros d e A l k a lá. Marinen y otros, con todos sus lugares y pertenencias, pobladores y señorío, jurisdicción e imperio, según privilegio despachado en Valencia, y 15 Marzo 1297. El señorío del abadiázsro se extendió a los pueblos de Simat, Benifíi. iró; Alsuléll, Tabernes, T? áfól. Umhríá. -Masalalí, Rugat. Almusafes y otros. I- a edificación de a q u e l Real monasterio fué suntuosa, llegando a resultar lino de los principales y más poderosos de la Co Ventanal de Restoséel palacio, con capiteles IJasonados. r. ección al mar. Las siniestras cresterías de dientes de rodeno de aquellas cum bres contrastan con la verdura de la hondonada, que varias fuentes fertilizan y alegran con su sonoro manar. Sería largo de rememorar la historia accidentada de aquel célebre monasterio; los hechos memorables que presenciaron sus muros; los acontecimientos políticos en que intervino la comuiíidad; Jas irás populares con que ¡a plebe vengó algún abuso del poderío, monacal; las vicisitudes de que fué. objetó el monasterio haciendo frente a la fatalidad que contra el mismo se desencadenó el pasado siglo, hasta su definitiva disolución, después de quinientos treinta y ocho años de fastuosa existencia. Y vino a tierra el imponefite muro que defendía el convento, así, como su puente levadizo, torres y fortalezas; la sala capitular, refectorio y claustros góticos; el p a l a c i o del la celda abacial.