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LA SEMANA SANTA EN ZARAGOZA FOR ANTONIO ROYO VILLANOVA S i todas las comparaciones son odiosas, resultan hasta irreverentes en materia de piedad y de religión. Al hablar, pues, de la Semana Santa en Zaragoza, procuro no acordarme de que esta señaladísima, festividad para los cristianos se celebra con p órhpá y ostentación desusada en muchas poblaciones españolas y Sevilla, Murcia, Lorca, Cartagena, Zamora, Ríoseco. TÍO puedo olvidar, sin embargo, la frase ingenua de un muchacho que visitaba con su madre la suntuosa morada de unos amigos: -i Ya ves qué lujo 1- -le decía la madre- Te- cuerdos despierta en mi mipmoria! ¡Qué imborrable emoción la de t o d o s p s creyentes en presencia de aquellas solemnes ce femoñiíis! Viene pr- cedida en Z á r p o lg, Se nana Santa de una seria preparac nj religiosá Durante toda la Cuaresma, en tóá 6 s o s ¡iemplbs se celebran a diario cultos feligfcstíS dQtal. jáanera combinados, que en una uiEá glesÍa. güede a diario escucharse la p a l a b r e l spíritu Santo, y cada cuaresmero se esfuerza y estimula por (kr- -a sus oraciones sagradas un sentido de i ida como de un verdadero curso de ensefeLQzff religiosa. Los primeros días de la Setnaaa- Santa, los Misereres gustará esta casa más que la nuestra, ¿verdad? -No, no, mamá replicó el chico sin vacilar- me gusta más la nuestra. 3 ómo es eso -Porque es nuestra- -añadió el muchacho con sequedad y altivez en el acento. Eso les pasa también a los zaragozanos. Fuera de las fiestas del Pilar, la época del año en que más visitada por sus hijos ausentes se ve la capital de Aragón es la de Semana jSanta. Hace ya algunos años que no he estado yo en Zaragoza en estos días; pero ¡cuántos re- Si congregan en Sari Felipe, en San Pablo, en la Seo a numerosos fieles, que unen a sus sentimientos %i stianos el culto elevado y artístico por la música religiosa. Las obras magistrales dé Olleta, de Cariñena, de Lozano, son interpretadas primorosamente por las Capillas de las Catedrales. ¿Quién puede olvidar, habiéndola escuchado una vez, la música de Olleta? El Miserere grande, magnífico, espléndido, de difícil y complicada ejecución, que rara vez suele cantarse, y el llamada Miserere pequeño, en que una inspiración sublime y unas melodías delicadas se combinan con