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LA CALUMNIADA DRAMA EN TRES ACTOS, ORIGINAL DE LOS HERMANOS ALVAREZ QUINTERO estrenado en el teatro de la Princesa la n o c h e del 22 d e F e b r e r o mmm i. t v- i 7 1 PizAitHA (Sr. Santiago) -o lo lo que no entiende es barroco o no hay más que barroco en Sevillt, L O que denigra es cierto, lo que enaltece es falso. Verdad, muy humana verdad. Jamás nos detenemos en la comprobación de un hecho calumnioso; lo aceptamos con fácil complacencia. Por el contrario, nos resistimos a creer cualquier acción sugerida por un móvil noble y desinteresado. Es condición de los humanos. He aquí el caso de Jimena. Jimena tuvo ocasión de conocer en su casa a un hombre moralmente despreciable. Su audacia, su osadía, se impusieron con tan extraña sugestión cerca de Jimena, que ésta no podía darse cabal cuenta de si amaba a Florencio o era víctima de una atracción irresistible. Más tarde, cuando Jimena pudo percatarse conscientemente de que aquel hombre no era digno de su carillo, rompió con él; pero, burlado en su amor propio, pagó con una villanía la resolución de Jimena. Divulgó entre sus amigos la infame especie de que había obtenido ciertos favores, y equívocas sonrisas acogieron la entrada de Jimena en todas parte Hi. sta en? u jnisma casa tuvo que sentir la bofetada de la a- fíenta, que halló fácil camino entre sus propios deudos. Enloquecida, sin fuerzas para oponerse a la invasión de la. xcalumnia, Jimena abandonó su casa y, se fué a vivir al extranjero, donde a sus oídos nQ pudiera llegar la torpe e infámente voz de la níaledícencia. Allí, en te paz de un discreto retiro, halló Jimena. propicia ocasión de confortar su espíritu, de reconstituir su vida, libre de toda asechanza. Para ello, íntegra y arduamente, se dedicó a ordenar y seleccionar artículos, cartas y trabajos inéditos que su buen padre, el único que no dudó un momento de su hija, halsía dejado al morir. La lectura de aquellos manuscritos fué un gran bien para Jimena. En todos ellos vibraba la exaltación del sentimiento patrio, y entonces más que nunca se sintió Jimena orgullosa de su padre y de la tierra en que había nacido, la tierra española, tan vilipendiada por los que no saben amarla ni comprenderla. Florencio era de éstos. Sin te, sin ideal, de un; absurdo egolatrismo, negaba sistemáticamente que