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r IR l Sí? I JÍ HK MAKCCS ZAPATA P E P E LOMA LDUARDO LKL I ALACIO L U I S TABOADA éstos, Manuel Luquc, el caricaturista famoso, a quien apreciaron en P a r í s mejor que en I- Ispaña. Félix González Llana, que desde hace muchos años vive alejado del mundo y sus monarquías, después de haher influido en ellos con su pluma empleada en la prosa política y en obras escénicas. José M a t a y ICnrique Sánchez de León, dos actores eminentes de su época. Pepito Loma, que hizo celebérrimo el seudónimo de Don Modesto. Luis Valdés, militar y traductor de las obras más resonantes de D u m a s y de Sardou... E m p e z a r o n a reunirse los más de ellos en la antigua Cervecería Inglesa, desaparecida con el viejo edificio donde estuvo en la C a r r e r a de S a n J e r ó n i m o De la Cervecería Liglesa se alejaron los del Bilis por no sufrir a un c a m a r e r o especie de Pipi, que, sintiéndose acaso enamorado de cualquier Crispín de A n d o r r a no podía tolerar a quienes se mofaban de escritores simples, urdidores ramplones de farsas lacrimosas. Desde la Cervecería Inglesa pasó la tertulia a la Escocesa, en la calle del Príncipe. Allí alcanzó su auge definitivo. D e t r á s del m o s t r a d o r del establecimiento, en ima estancia independiente, se reunían los biliosos, que, para desmentir el título que les. hacía temibles y aun odiados, j a m á s hablaron mal de los nombres buenos y con talento. L a s m u r m u r a c i o n e s del Club iban siempre cont r a los sandios, los vanidosos, los engreídos, los picaros, los infames y los mil tipos que en la sociedad consiguen a veces estar en los ministerios que no merecen, en los altos cargos que usurpan, en los predicamentos literarios que sin r a zón explotan, en las redacciones de periódicos que sin mentalidad apropiada ocupan, en todos los puestos adonde se debiera llegar con ideas, con temple y con personalidad indispensables p a r a alcanzarlos. El Bilis- Club era azote de personajes ridículos, h u e r o s o cosa peor, que saben g r a n j e a r con acierto los pecados de la lisonja o de la complicidad en inicuas acciones; de los que en la vida del a r t e obtienen rédito de la pluma, que usan sin conocer bien los nobles secretos de su empleo, y aplauden o censuran segim que les incite la codicia p a r a el provecho o la envidia p a r a calmar sus rencores. El Bilis hablaba de la política al uso, de los sucesos más sonados, de arte, de literatura, de comedias y cómicos, de personajes de ocasión. N u n ca en serio, solemnemente; siempre con llaneza y en tono festivo. Los homenajes iban envueltos en r i s a s los anatemas, saturados de gracia. Jín aquel concurso, presidido por la j u v e n t u d y el ingenio, j a m á s se cometió la injusticia de t r a t a r con desprecio al mérito legítimo, ni de enaltecer a quien se declaraba ilustre por su alabra de honor. I x o p o l d o Alas solía hacer la definición de un hombre con una f r a s e Luis Taboada destruía a cualquier farsante con un chiste E d u a r d o del P a lacio, serio y sentencioso en el aspecto y en la expresión, ponía en solfa a los endiosados con el mayor salero del mundo. P e r o en el Bilis j a m á s anduvieron en lenguas las h o n r a s hubo comentarios, pero no m u r m u r a c i o n e s Se perseguía al contrabando literario, no a las reputaciones legítimas. P 2 n el Bilis- Club j a m á s fueron oídos ni los pedantes, ni los que se sienten tristes con el l) ien ajeno, ni los ociosos, que apenas si saben hacer cosa de mayor provecho que pasarse las horas m u e r t a s llorando con rabia las Ijíenandanzas de los demás. E n una fiesta íntima, celebrada por los primitivos contertulios del Bilis- Club c i Iionor de Selles, con motivo del estreno del drama Las csculluras de carne, se inició la idea de solemnizar la obra literaria de Pérez Caldos, que era ya copiosa y g r a n d e Algunos meses más tarde, el insigne novelista fué agasajado con un g r a n banquete, al cual concurrieron las más ilustres personalidades de España en la política, el a r t e y la literatura, y hablaron Castelar, Cánovas y Jíchegaray. T r e s medianías, sobre todo pensando en los actuales genios. Poco a poco, el Bilis fué perdiendo fuerza. Se marchó de la Cervecería Escocesa p a r a ir a un café llamado Nuevo Suizo, del que tampoco queda r a s t r o luego estuvo en N u e v a Iberia, también desaparecido. Los biliosos se dispersaban al llegar la m a d u r e z de su vida p a r a darle alto empleo. U n o s a sus cátedras, otros a sub destinos; quien a ceñirse la casaca de mini. stro. cual a ser dirccj tor general o subsecretario, varios a buscar en la i familia el reposo bien ganado, después de actividades inquietantes. Poco a poco, todos hicieron mutis por el foro, y bastantes, ¡a y l de un modo definitivo, porque de cuantos componían el BilisClub en sus diversas fases, sólo quedan unos pocos, y ninguno tiene nada de qué a r r e p e n t i r s e El único galardón apetecible en la tierra es el de ver que llega el final de la obra sin haber intervenido en escenas de maldad. fy L yik; -í