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i Pero las Gilimonas, altaneras y altivas, luciendo encajes, rasos y colores y cuanto en el decreto se prohibía, al paseo bajaron una tarde, y con burlas donosas é incisivas, ostentación hicieron de su procaz é inquieta rebeldía. Mas no contaron tales insolentes con el turbión que les venía encima, y fué el turbión el cabo de alguaciles, que interrumpiendo el paso de las niñas: -Dense á prisión- -les dijo- JÉl Rey lo manda, por faltar á las leyes que él nos dicta. -Vuestra merced no sabe lo que hace... ¿A prisión, siendo hijas del noble Gil Imón, que es nada menos que fiscaí del Consejo de Castilla? -Pues, él nie, ordena que á su casa os lleve. Es hombre recto y de imparcial justicia. Allí sabrán el meditado fallo que acaba de dictar su señoría... Fallo que al otro día el pregonero fué publicando así por las esquinas: El Rey nuestro señor, á quien Dios guarde, ordena que las hijas de Gil Imón, fiscal de los Consejos de España y de sus Indias, paseen diariamente cuatro horas por las calles y plazas de la villa en hábitos de monjas mercedarias, con un cartel al pecho en que se diga: Por biirlar del. Monarca los mandatos, así vamos vestidas. El castigo sufrieron resignadas, logrando por manera tan ridicula hacer de Gil Imón popular nombre, que la Historia en sus páginas consigna; distinción no alcanzada por ilustres varones que á la ciencia dan su vida, y son honra del pueblo en que nacieron. por el cual su existencia sacrifican. Y es que la fama, siempre veleidosa, otorga sus favores y caricias al que nunca hizo nada serio y digno, y al hombre superior ingrata olvida. 0 DIBUJOS DE MARIK