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LAS GILIMONAS POR TOMAS LUCENO (LEYENDA DEL SIGLO X V I I r 7 r- i N. 1 Mirad qué sonrientes y orgullosas, qué compuestas, qué altivas! Lazos color de malva en el peinado, que ordenado en desorden se desliza. Jubón de seda con escote bajo, garganta y pecho lucen atrevidas, y de sus manos blancas, cada dedo cubierto va de espléndidas sortijas. Guardainfante rosado, con adornos y franjas guarnecidas de oro y plata, formando cordoncillo de labor esmerada y exquisita. De raso blanco los chapines calzan, de reluciente acero las virillas, y son, en fin, por su apostura y rostro, de la provocación imagen viva. ¿Quiénes son, me preguntas, lector mío? Pues son las Gilimonas; las tres hijas de Gil Imón, fiscal de los Consejos, cargo de superior categoría. El Rey Felipe Cuarto, en decreto expedido en esta villa. alarmado al mirar el fastuoso lujo con que las damas se vestían (lo cual frecuentemente era la perdición de las familias) y juzgando el boato como estímulo á la inmoral codicia de lindos que ruaban por el Prado, y al caer de la tarde en Platerías, prohibió que las mujeres ostentaran vestidos con adornos, joyas, cintas... Nada de guardainfantes ni jubones, no siendo muy cerrados por arriba. Esto produjo entre las cortesanas gran revuelo, como ahora se diría. Al Monarca acudieron damiselas tiernamente afligidas; que prohibirlas el lujo era arrancarlas á jirones la vida. Todo inútil. El Rey era inflexible; y las damas, rendidas al mandato Real, obedecieron, vistiéndose modestas y sencillas.