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S l L U t T A S REVOLUCIONARIAS, JOSÉ PAUL Y ÁNGULO PCR FRANCISCO FLORES G 4 RCIA SI como se destacaron con marcado relieve cómico durante el periodo revolucionario algunos hombres de acción, que lo fueron sólo de nombre y porque ellós: se lo llamaban para darse tono, hubo otros, poco s en verdad, que lo fueron de veras, sin hacer de ello él menor alarde y hasta hubo alguno que dejó T- Mstxo sangriento de su intervención en aquellos sucesos. E n t r e los hombres de acción verdaderos debe figurar en primer término, como símbolo y emblema del fanatismo político y del valor personal a t o d a prueba, J o s é- P a ú l- y Ángulo, una de las figuras más salientes y más siniestras de la Revolución defi 868. Además de revolucionario apasio. fildo y fanático. Paúl y Ángulo era un duelista formidable y afortunado. Diestro como pocos en eümanejo de todas las armas, surgía su fortuna ¡no sólo de su extraordinaria habilidad, -sino tamhién, y principalmente, de su valor sereno y frío; iba á batirse en las condiciones más duras con la misma tranquilidad que el que va á echar una carta al correo. Allá por el año de 1866, Paúl y Ángulo era un señorito rico jerezano que jamás había soñado con: ser hombre político: que se divertía e n P a r í s durante la Exposición Universal que allí se celebraba, y que hasta entonces había sido un sportman qntí, educado en Londres, sólo se ocupaba de viajar, de las carreras de- caballos y- d e otras análogas distracciones. Paseando un día por la Exposición, lo presentaron á D. Juan Prim, emigrado á la sazón á consecuencia dedos sucesos del 22 de Junio de dicho año, conocidos con- el nombre de. la sublevación de los sargentos, muchos de los cuales, los que no- pudieron escapar, fueron fusilá dos contra los muros de la antigua pla za de toros, que estaba u n poco más allá de la Puerta de Alcalá, hacia la izquierda. El general revolucionario y el señorito sportman simpatizarpn tanto, que éste resolvió quedarse en París con Prim (después se trasiadaron á Londres) hacer causa común con él y- procuraf por todos los medios posibles el tiiiunf- de la Revolución. Triunfante la Revolución, Paúl xé 0 Ísó á España con D. Juan Prim y demás jefes revokicionarios y- -cosa extraña é inesperada- al oco tiempo, Prim y Paúl, amigos entrañables en el extranjero, eran enemigos sañudos- é irreconciliables en Madrid, lanzándose el segundo. en unión del anarquista Fermín Salvochea. á capitanear una partida en la insurrección í viblicana- del 6 g. ¿Cuál fué el motivo de aquel rompimiento, que trocó en odio la- amistad de aquellos- dos hombres singularísimos. Cada uno por su estilo? Según por entonces- se dijo. Prim. comprometido con ciertos elementos a proclamar la República en cuanto triunfase la Revolución, había fa tado á su palabra, y por eso Paúl, republicano exaltado y fanático, se había enemistado fieramente con él. También se dijo qwe Paúl y Ángulo había pretendido ser embajador de España en París, que Prim se había negado á que lo fuera, y que de ahí había nacido la ruptura, llegando Paúl al encono y al odio cuando quiso batirse con Prim, y éste, con clara noción de su deber, lo despreció solemnemente. La primera versión parece inverosímil. N o es creíble que un hombre como Prim se comprometiera á proclamar la República sin contar para ello con la voluntad nacional. Sea de ello lo que fuere, lo que aparecía cierto y positivo era el odio profundo, el enconado rencor que Paúl y Ángulo profesaba á P r i m odio que se exteriorizaba, en todos los momentos, y del cual nació Combate, periódico sin precedente y sin igual en la Prensa española, creajjo con el solo y único objeto de combatir á s rt ré y fuego, sin tregua ni cuartel, á dicho personaje, que era á la sazón presidente idel Consejo- de ministros y. ministro de la Guerra. El Com S ate, con una crudeza y violencia de lenguaje de que no hay ejemplo, luchó con el Gobierno de poder á poder. y ni las autoridades constituidas ni la tristemente célebre partida de la porra pudieron atajar ni contener sus demasías. La partida de ¡a porra, banda de rufianes y asesinos, que asaltaba los teatros donde se representaban obras que molestaban al Gobierno, apaleaba á los cómicos y rompía las decoraciones; que invadía y destrozaba las. redacciones de los periódicos de fuerte oposición y asesinaba á los periodistas (como lo fué ePdirector de El Papelíto) que cometía impunemente toda clase de desmanes y- atentados, no se atrevió nunca ni á pasar por la puerta de la redacción de El Combate. Con el lamentable, infame, cobarde y alevoso asesinato de D. Juan Prim. hecho luctuoso que precipitó el desenlace de la Revolución y torció el rumbo de la historia de España, coincidieron la muerte de El Combate y la desaparición de su fundador, director y propietario, José Paúl y Ángulo, de quien se supo poco después qu é- se había refugiado en Buenos Aires, donde í u n d ó un periódico disolvente, y donde, andando el tiempo, mató en desafío al fundador y director de El Correo Español, Enrique Romero Jiménez, más conocido por el cura Romero, sacerdote malagueño que había ahorcado los hábitos para hacerse revolucionario y librepensador. N o he de apuntar aquí los comentarios que. se hacían en voz baja en los Círculos políticos á raíz de la desaparición de España de Paúl y Ángulo. En Buenos Aires escribió y estrenó una obra dramática que se titula Lo absurdo se elimina... Poco después de proclamada la República, el 11 de Febrero de 1873, -D. Francisco Pi y Margall, ministro de la Gobernación, recibió una- carta de Paúl y Ángulo, en la- que, después de llamarle su querido amigo y respetado jefe, le preguntaba si podría volver á Esp. a ña, una- vez triunJantes las ideas republicanas. El austero D. Francisco le contestó (y el que- esto escribe- vio una copia de la carta) lo siguiente: M u y señor m í o Me extraña que me pregunte usted si puede volver á E s p a ñ a eso lo debe usted saber mejor que y o si cree usted que iJucde vol ver vuelva. Y no volvió. ¡Qué había de volver...