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T. FUENTE DE LA ALCACHOFA EN EL RETIEO fuentes de tanto gusto como la llamada de la Alcacliofa- -también de la época de las citadas anteriormente- -y la de los Galápagos, que fué conocida también- por el nombre de la del v bel, cuando estuvo montada en la Red de San Luis. La famosa Mariblanca, después de ser desterrada de la Puerta del Sol, al verificarse la transformación de esta gran plaza, y de andar rodando por los Almacenes de la Villa, ha encontrado un rinconcito en el Parque de Madrid, donde recordará, c o m o los ancianos, niientras toman el sol en el paseo que la rodea, sus buenos tiempos, aquellos en que presenció las turbulencias que la política fomentó en el pueblo madrileño. El Ángel Caído- -escultura de Bellver y un día fuente- -es también una de las más bellas ornamentaciones del Retiro. No así la Fuente Egipcia, de ia que los cronistas de la villa dicen lo que las esfinges que aparecen guardando el fetiche del cuerpo central: absolutamente nada. Tampoco lo merece. Casi todas las fuentes madrileñas han tenido más de un emplazamiento. Exceptuada de esta movilidad debe ser la de los Galápagos, adosada á un muro del edificio de San Antón, en la calle de Hortaleza. Subsiste la de la Cruz Verde, pero despojada del principal adorno de sus tiempos históricos: una estatua de Diana cazadora, muy alabada por las crónicas de hace dos siglos. En cambio, la de la plaza de la Villa fué trasladada á la calle de la Escalinata, donde se encuentra actualmente, pero desposeída asimismo de una figura femenina en la que un día se vio el simbohsmo de la madre Patria. Otra fuente histórica y muv discutida, por ser obra de Ribera y estar concebida y ejecu- TJN ASPECTO DE LA FÜENTECILLA, DE LA CALLE DE TOLEDO tada bajo la influencia d Ch- ir rriguera, fué la fuente de Antón Martín, que, después de desmontada y condenada á perpetua desaparición, obtuvo, á guisa de misericordioso indulto, un lugar en el moderna Parque del Oeste. En l, a plaza de los Cuairn Caminos acaba de montarse el gran pilón de la fuente que tantos años sirvió de adorno de la Puerta del Sol y de baño de placer á la golfería andante. En otro extremo de Madrid, en la antes llamada plaza de la Alegría, y hoy de Manuel Becerra, se ha montado el que fué Obelisco de la Castellana, fuente en sus primitivos tiempos, como vuelve á serlo después de haber cumplido su misión de adornar simplemente el centro de una plaza. Este obelisco se erigió para conmemorar el natalicio de la Reina Isabel II, y tuvo dos dragones de bronce que arrojaban abundante caudal de agua por sus bocas. Más tarde, los bichos como dio en llamarlos la gente, fueron llevados al Retiro para adornar una alameda, y ahora vuelven á ocupar el puesto que tuvieron en el Obelisco, que cedió su plaza al monumento de Castelar. Algunas fuentes q u e aun existen ofrecen, si no alardes de exquisito gusto artístico, sí testmionio y huella de los acontecimientos históricos que presenciaron. T a l sucede, p o r ejemplo, con la Fuentecilla, que se conserva en la calle de Tgledo, esquina á la de Arganzuela. El buril del artista ha dejado allí trazados un león que sostiene el escudo de la villa y algunos otros signos heráldicos; pero en la parte de esta fuente que da vuelta á ¡a mencionada calle de Toledo se ve una lápida que un día ostentaba una dedicatoria, y que el LA FUENTE DE LOS DELFINES, GUE ESTUVO EN LA RED DE SAN LUIS CUENTEA EN EL PARQUE DE MADRID T AHOHA SE EN-