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LOS DOS SINDICATOS I LEGO un día en que los míseros habitantes de Es trujadópolis vieron con terror que se acababa de constituir el último sindicato que pudiera imaginarse para empeorar definitivamente su j a ominosa situación. De tiempo atrás venían padeciendo el sindicato de los abastecedores de subsistencias, que les obligaba mentándose todos de que ya no pudiesen ni aun eli- fermar por un precio razonable. Y he aquí que uno de los concurrentes pidió la palabra, y dijo: -Se impone la adopción de medidas enérgicas. H a llegado para nosotros el momento de oponer nuestra fuerza á la de los demás. Formemos un sindicato que contrarreste el nuevo monopolio. Conjurémonos para no llamar á los médicos cuando los creyéramos necesarios. Es verdad que los enfermos necesitan de los médicos; pero no es menos cierto que los médicos necesitan de los enfermos. Resistamos todo lo posible; el éxito depende de nuestro tesón. El orador fué ovacionado: la idea pareció tan admirable, que, en el deseo de estrechar la mano del iniciador, una avalancha de espectadores derribó la plataforma donde peroraba, fracturándole una pierna y varias costillas. Esto produjo un movimiento de vacilación lamentable, pues algunos rutinarios, pensaron avisar un médico á toda prisa, dando al traste con los proyectos que acababan de plantear. Pero el redentor, dando pruebas de gran entereza, se opuso á ello con indomable energía. Su ejemplo fué de enorme eficacia, y se disolvió la asamblea ratificándose todos en el solemne propósito de no acudir á ningún discípulo de Esculapio en demanda de los auxilios de la Ciencia El programa comenzó á cumplirse. Ningún estrujadopolitano solicitó asistencia facultativa. Los médicos sonreían, cazurros, persuadidos de que aquello no podía durar. ¡Y a verán, en cuanto empiecen á morirse como chinches! Pero, ante la sorpresa de todos, las enfermedades no aumentaban. Los médicos, para distraer sus ocios, dedicábanse á comparar las estadísticas actuales cou las de años anteriores... V vieron con espanto que la mortalidad decrecía... y decrecía... hasta quedar limitada á lo inevitable, esto es, á los casos de senectud. Poseídos de terrible pánico, los médicos quisieron capitular, ofreciendo sus servicios á la mitad del anti- á grandes dispendios para atender á la ineludible necesidad del alimento; el sindicato de los propietarf) S, que encareció también de un modo exorbitante las viviendas; el de los sastres y modistas, que, crnfabulados con los zapateros, imponían tarifa? elevadas para la adquisición de indumentaria. Un agiotista genial propuso la formación de una empresa poderosa para acaparar el aire atmosférico, suministrándolo á los abonados por medio de una combinación de aparatos tan sencillos como ingeniosos; pero no llegó á plantearse el negocio, porque, apenas lanzada la idea, la Prensa local publicó un razonado mensaje, subscripto por el 95 por ico de los estrujadopolitanoí, manifestando su decidido propósito de no abonarse al Aero- Trust, prefiriendo dejarse morir de asfixia antes que tolerar la nueva explotación de que iban á ser objeto; y era tal el tono de sinceridad en que estaba concebido este interesante documento, que la empresa no llegó á constituirse, convencidos los capitalistas de que nada conseguirían exterminando á sus conciudadanos. Entonces, el agiotista, firme en su idea de sindicar algo, propuso la creación del sindicato de médicos, merced al cual, el que tuviese la mala ocurrencia de caer enfermo, pagaría cinco veces más de lo que acostumbrábase anteriormente. La idea fué muy bien acogida por los galenos de Estrujadópolis, y el nuevo sindicato quedó constituido. Los estrujadopolitanos pusieron el grito en el cielo, aprovechando la favorable circunstancia de no estar monopolizado aún el derecho de quejarse cuando cada cual lo creyera conveniente. Así como así, el nuevo sindicato les perjudicaba de un modo extraordinario, toda vez que la escasa alimentación, el exceso de trabajo y el mal talante implícito á las muchas preocupaciones y zozobras, eran causa de que la salud pública no fuese muy boyante en los ámbitos de Estrujadóijolis. Los oprimidos fueron convocados á una reunión magna, en la que se discutió ampliamente, la- A -O J ij 4 m: r ls guo precio... Pero los estrujadopolitanos les respondieron, muy cortesmente, que, suprimidas de orden superior las enfermedades, para nada les eran útiles los médicos. Y en Estrujadópolis renació la alegría, que es compañera inseparable de la buena salud, AUGUSTO M A R T Í N E Z OLMEDILLA. Dibujos de -Sánchez.