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oiKicí REVISTA 22 AÑOS ILUSTRADA y NUM. 1.083. MADRID 11 D E F E B R E R O D E 1912. ¡BAH... LA POBRE ISABEL! (f UANDO vino la madre, toda zalamera y alboro zada para decirle que había llegado el coche de las primas y que debía marchar al baile, quiso renunciar. Mamaíta, siento miedo, vergüenza. Esa gente, ya sabes, tan elegante, tan rica, se reirá de mí... No voy, mamá, no voy. La madre, que había estado preparando aquellos atavíos durante largos días inacabables, que había ido perjeñando aquellos perifollos con el sudor de sus manos y el despilfarro de su faltriquera, que había soñado con aquel baile en el que de fijo ganaría Isabel un éxito y un novio, que había sido cómplice silencioso y admirativo de la retocada vestimenta y que se hallaba radiante de gozo viendo tan maja y tan gentil á su hija, estuvq punto de pegarle. -Eso faltaba... Que ahora le diese á esta ridicula por no ir. Sería capaz de matarte. Luego, cambiando el tono de voz hasta el arrullo, añadió: -Pero si vas preciosa... ¡Preciosa! Mírate al espejo y dime si hay nada tan bonito. Isabel se miró. Estaba pálida y convulsa. Pero, no estaba fea. No. Ni cursi. En fin, sería cosa de atreverse. Y, además, se había comprometido con las primas, y no era cosa de renunciar á última hora.