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EL BRUMMEL p n algunas provincias es muy difícil ser elegante. S o n ciudades chiquitas, que viven aferradas á las antiguas costumbres. Las levitas, que sólo se sacan los días de entierro, son cortas, de paño brillante. Los fracs, que se exhuman el día en que llega un personaje l) olítico y se le da un banquete, son también de paño tieso y están impregnados en alcanfor. El sastre de tales provincias es un hombre discreto, incapaz de lanzar u n a moda y hasta d e aceptar la que sea un poco llamativa y aventurera. Recuerdo que un día en C... me quise hacer un chaleco algo extravagante, y el asolatelas me contestó estupefacto: ¡Imposible que yo le haga á usted ese chaleco! ¿Qué diría mi clientela? ¡Me desacreditaría! E n esas ciudades no es posible permitirse la más ligera libertad. E n ellas, la ropa no es una frivolidad que podemos cambiar á nuestro antojo, y menos transformarla según los caprichos de la moda. Allí la ropa está sujeta á fieros cánones que nadie se puede atrever á c a m b iar. Póngase usted u n pantalón de color atrevido, y lo correrán los nenes. Y, sin embargo, de vez en vez aparece un tipo denodado, más valiente que Rodrigo de Vivar, atropellando todos los prejuicios. Yo conocí á uno m a r a villoso. Llámase J u a n R e bollo, y e r a t o d o un Brummel. ¡Q u é levitas jgrises, castañas, ajustadi- PROVINCIANO tas al talle, se ponía para ir á la Glorieta y oír la música! ¡Q u é chisteras tan refulgentes, de alas planas y audaces, usaba para ir al entierro del not a r i o ó d e l concejal! i Qué gabanes entallados, qué botines, qué chalecos, qué corbatas disolutas, de colores provocativos! i Qué fracs, con solapas y puños de terciopelo! LT n d í a apareció en cierto solar, donde se daban b a í les pintorescos, con un traje de chaquet amarillo y botines blancos. E n R... no se hable durante seis años más qué de aquella tremenda osadía, que había ofendido verdaderamente á la ciudad con tanto lujo inusitado. ¡Claro, como que en R... es muy elegante llevar en la gorra las insignias del Club Náutico, y ostentar muy fuera del bolsillo, un gran pañuelo rojo c o n motas verdes, ó azul con motas amarillas! Pero al final, J u a n R e bollo se impuso y trastornó la vida de la ciudad L e salieron imitadores, y es digno de verse el espectáculo de aquella plácida glorieta, cuando toca 1 a banda municipal. S e cree uno en Niza. ¡Oh, Brummels p r o vincianos, que sois mensajeros, apóstoles y á veces mártires de la moda, en esas poblaciones chiquitas que viven aferradas á la tradición, no quería dejar de cantaros acjuí, en esta página, donde el aderezo m asculino tiene su pedestal y su loor! PETIMETRE.