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imc ReVlSTA- LUSTHADA f 33 AÍ 103 4 DE FEBfiETÍO DE 1012, NUM. ÍMt. TELEPATÍA Pedro Cruz el santo y scíía REcimótinidila de la unrlK: L- iorbíau yd vio cómo las pelotón cuyos pasos resonaban aún, á lo lejos, sobre la nieve endurecida por la helada... El silencio y las onibras extendiéronse pesados abrumadores, sobre el desmantelado castillo que pretendía pasar por fortaleza uiexpuí nable; atiud cantillo d e tiempos de los moros cuyas piedras seculares roídas ¡xtr los dientes insaciables de loa años y araüadas por las destructoras zarpas de los elementos, se resquebrajaban y se hendían empujadas por las cuñas vivas de las raíces de ytídras y jaramagos, entre las que pululaban inquietas las sabandijas, anidaban las k- chuzas y se niiiltiplitüban las comadrejas, icrror y azote de los corrales. La suerte había empujado alli aquella noche á Pedro Cruz, embutido eu su recio capole de p i n o cubiertas sus bravas manabas de campesino con los verdes guantes de áspero estimbre, á través de los cuales, como hoja de puñal, pasaba el frío del fusil, cuyos hierros quemaban- -Y allí se eítaba el mo o. d t centinela, paseo arriba, paseo yhajo, pateando el suelo paní desentumecerse los pies, dormidos por el frío crudísimo de aquella noche de Diciembre. Alli, á media legi: a escasa de