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LA F O R T U N A D E NICOLÁS u a n d o cumplió- Nicolás los trece años, su pa- V dre le. dijo: -Hijito mío de mi alma: Lo mejor que se puede hacer con un hombrecito como tú, es dejarlo correr libre por el mundo, Hace ya tiempo que te conviene desprenderte de la tutela paternal. Vete á la ciudad cercana y dedícate á lo que más te convenga. Nicolás respondió, un poco afligido: -Papaíto, la ciudad está lejos. ¿Cómo me las arreglaré para ir sólo? -Toma esto y vete con Dios. i Sabéis lo que le regaló á Nicolás su buen padre? Nosotros no lo sabemos tampoco. Ni el mis- Creyó que su padre había querido reírse. dé su credulidad. Pero después de tomar descanso y meditar en su situación, decir dio ser fuerte y atrevido. Por fin, se levantó resueltamente y siguió caminando. -i Valor -pensó Nicolás- Papá pudo muy bien no darme nada. Y, después de todo, hay mucha gente en el mundo que no tiene siquiera cinco céntimos. Andando, andando, recorrió más de una legua. El calor era terrible. Él polvo, cruel. Los grillos y las cigarras cantaban escondidos. De pronto sintió Nicolás el trote de un caDallo, que venía enganchado á un cochecillo. Dentro iba ün hombre, al parecer, encantado de la vida. ¡Feliz él! pensó Nicolás- que puede ir en coche y de prisa, mientras yo camino á pie y tan despacio... Pero de pronto, oyó ün gran ruido. Se- asustó. El caballo había tropezado, y el coche y el coche- ro se habían ido á tierra estrepitosamente. Nicolás corrió á prestarle auxilio. El hombre estaba pálido por el polvo y por él miedo y se quejaba de grandes dolores, aunque, por fortuna, no se había roto ningún hueso. Pero cuando se levantó se echó á Horar. Se había roto una rueda del vehículo y éste no podía correr. Pobre de mí! gritó el cochero- Tengo en la ciudad que despachar un asunto urgente y no podré llegar. Esto será mi ruina. Y entonces Nicolás se acordó de que tenía un clavo. -Oiga, -buen hombre- -le dijo- ¿podría usted arreglar la avería con un clavo que guardo en este saquito? El hombre se puso muy alegre. ¡Sí, sí, dámelo! Le dio Nicolás el clavo, arregló el hombre su cochecillo y, en premio, subió á Nicolás en su compañía, conduciéndolo á la ciudad. Ved cómo, por su buen corazón, le sirvió para algo á Nicolás el primer regalo de su padre. (Se continuará. mo Nicolás lo sabía, puesto que el regaló estaba dentro de un saquito, y el saquito se hallaba cerrado- herméticamente. Pero Nicolás, que era un chico muy prudente, no preguntó nada; besó cariñoso á toda la familia, salió de su casa y echó carretera adelante. Cuando estuvo lejos de su hogar, en medio de una extensa llanura, sentóse Nicolás á la sombra da un roble y abrió su saquito. ¿Sabéis lo que contenía el saquito de Nicolás? Cuando lo sepáis os echaréis á reír. Pues contenía un clavo, una moneda de cinco céntimos y una maraña de estopa. Como yéis, el padre de Nicolás- no era muy generoso. Figuraos cómo se quedó el pobre muchacho. LAMUJER DE LAS SARDINAS Alabábase el tío Roque de que en su casa tenía la mujer más hacendosa, puntual y precavida, por lo cual no le dio nunca motivo alguno de riña, y eso que él tenía ganas de regañar algún día. -Pues eso es muy fácil, 3i jc el señor Juan de las Viñas, y yo hallaría un pretexto bien pronto para reñirla.