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EL CHAM. B E R G O Nfo faltaría otra cosa! ¡Estaría bueno que la moda más extraña, más combatida y al mismo tiempo más popularizada de los últimos tiempos, pasara desapercibida! ¿Ibase á quedar e 1 enorme sombrero actual, de faldas ahidalgadas, tan en boga, sin un comentario? Claro que no se trata de un cubrecabezas notoriamente elegante. Quienes lo han lanzado, algún político, algún literato, algún pintor, no han aprobado cursos de elegancia ni tienen silueta suficiente para lanzar modas. Pero quizá por esí tituído. e II moda m de todas, i i generacic n e a, s u i Qui e n e usaron c 111 bergo en I paña fue por último, han pasado á ser los sombreros grandes del dominio público. Actualmente no ha un joven que se tenga por bien ataviado que se abstenga de usarlos. La calle de Alcalá y la Carrera de San Jerónimo sean testigos probatorios del aserto. Ahora bien, el chambergo, ¿se debe llevar? Declaro francamente que sí, aunque con un distingo. El sombrero grande podrá ser atrevido, chocante, hasta feo. Pero no es ridículo. -1 las aliías iMl 1. ii 1 qu e l a s Vdemás, es 1 cuerdo de 1 s más beMe todo, es ii 1 1 1 1 ii 1 0. E l s o m- -o no constituye una I. eia. ron Santiago R Iñol y I I I 1 II d o r- yo Gener. 1 i lona surgieron h a c e y a tiempo con sus enormes y gallardos sombrerones, causando sensación admirativa. Bien es verdad que ambos, Rusiñol, parecido á Daudet, y Pornpeyo, remedo contemporáneo de los poetas antiguos, eran dos grandes modelos para lanzar ideas capitales... En Madrid fueron desconocidos mucho tiempo. Lerroux y Luis Antón del Olmet los importaron de la ciudad condal. La gente se reía en las calles al verles con aquellos veladores. Luego... luego ha sido ya la nube, la plaga. Comenzaron á usarlos gentes de pluma, de batuta y de pincel, Ruiz Contreras, Canitrot, Gil JiIlol, Linares Rivas, que no se atreve con los de calibre máximo, pero que hace pinitos; el maestro Vives, Pompey y el séquito de Valle- Inclán. Y, no. Lo usa 1 para evi 1 I I I mperie en 1 invierno y el sol en verano. Y siendo esto así, ¿negaremos la condición práctica del sombrero grande? Ahora bien, vayamos al distingo. El distingo es que tal sombrero debe ser negro, absolutamente negro, sin mácula. Negro, porque dá sensación de autoridad y de clasicismo, porque así se usó en España, porque los sombreros de color, grandes y atrevidos, no los han usado hasta hoy más que los dentistas norteamericanos. En suma, y sin que sirva esto de lección, para la que no me ha dado títulos Jorge Brumell, y porque el objeto de esta crónica no consiste en eso, os digo que si tenéis tríenos de treinta años debéis comprar un chambergo en seguida. Que á esa edad están, más que permitidas, exigidas las extravagancias. PETIMETRE.