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las frondas; hay mujeres adorables y adoradas por muchos, que parecen estar en combinación con el propietario de las aguas para haceros prolongar la quincena... Pero esto no basta; todo ello lo hay en Niza, en Monte Cario; y en Niza y Monte Cario se suicida todos los días una docena le personas, empleando procedimientos tan di ersos como ridículos. Y es que en Chatel- Guyon hay algo más: hay una espléndida instalación de duchas, en departamentos que parecen estancias de El alcázar de las perlas, pero no las duchas vulgares de regadera, de columna, cervical, ¡nada de eso! Estas, con su chorro benéfico, van á buscar el verdadero origen y raíz de las cosas, el centro neuro- motor del pesimismo- -esto de neuro- motor lo acabo de leer en una revista alemana- internándose en laberintos fisiológicos que, á la postre, son los que tienen la culpa de todo. Desde el primer día es notable el alivio y, aunque esto parezca un prospecto de esos que redactan los autores de específicos, hay que abrir paso á la verdad en el estudio de uno de sus más curiosos fenómenos. Porque yo os aseguro que es no- IL o negro empieza á tornasolarse, hasta llegar al color de rosa. ¿La guerra de Trípoli? ¡Pero si esas son habas contadas! Italia establecerá ima trattoría en cada oasis, y aquí no ha pasado nada. ¿La obra de Bernstein? ¡Con decir á ustedes que la empresa del Español, de Madrid, ha comprado la exclusiva para hacerla tres noches seguidas! Todo sonríe á los afortunados, que han dejado su mal como quien se quita un abrigo; acaba la temporada y hasta las cuentas del hotel se pagan sin regatear y con gusto. ¡El colmo del optimismo! Sin embargo, á la caída de la tarde, por las avenidas que mueren en las salidas del parque, se ven vagar unos hombres con las manos á la espalda, cabizbajos, mustios, imágenes vivientes de la amargura. Preocupa su actitud, más extraña aún en aquel paraíso donde todos sonríen. Se acerca uno á ellos y los reconoce en seguida; son los mozos de las salas de duchas, los serviciales sujetos que tan sabiamente nos han administrado el remedio de nuestras tristezas, quedándose de paso con algunos secretos de nuestra toilette interior... v No- table ver cómo aquellos individuos que llegaron tristes y desalentados, con el alma llena de tinieblas y los ojos abiertos solamente á la desesperanza, van recobrando un cariz de triunfadores que desconcierta y que hace flaquear en nosotros las convicciones espiritualistas, al ver cómo im simple chorro de agua bien administrado es suficiente para cambiar la postura de un alma. Son los únicos pesimistas que quedan en ChatelGíuyón al final de la temporada. -Y es que, ¿sabe usted? los bañistas, con la alegría del mejoramiento, se olvidan casi siempre de darnos la propina. i Qué injusticia! ¡Olvidarse de aquellas salas, donde, si hubiera entrado Schopenhaüer, quizá no hubiera escrito su filosofía! JOAQUÍN B E L D A