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itiWhr nff i FILOSOFÍA BARATA EL PESIMISMO t N algunos años de peregrinación por este valle de lágrimas, hemos podido comprobar que el pesimismo guarda una directa relación con el estado gastro- intestinal del individuo. Hay eii Francia un balneario, Chatel- Guyon- -y no es reclamo- donde acuden de las cinco partes del mundo gentes con el intestino averiado que van buscando la salud. No hay que decir que al llegar son todos unos terribles pesimistas. Si á cualquiera de ellos preguntáis su opinión acerca de las palpitantes cuestiones de actualidad, os obsequiará con unas respuestas capaces de entristecer á un sauce. -Bueno, ¿y esto de Trípoli? -i Ah, mi amigo! Esto será la muerte de Italia; una muerte lenta, pero continua, como el cañoneo famoso. ¿De veras? -Evidente. Los paisanos de D Annunzio han querido abrir en los oasis de la Tripolitania nuevos mercados para la casa Ricordi; pero dentro de unos meses, todos ellos acabarán de- coristas forzosos en algún teatro de Bizancio, ¿Y el próximo estreno de Bernstein? -Será una catástrofe; el cuerpo. del dramaturgo se verá arrastrado por los boulevares, seguido de una turba de acreedores nacionalistas. ¿Qué cree usted que pasará en España el día en que caiga el actual Gobierno? ¿En España? Que vendrá un Ministeriopuente, presidido por Lecumberri. No hay que olvidar que nuestro interlocutor es extranjero, y no está, por tanto, muy al corriente de las interioridades políticas de nuestro país. El pesimismo, esa lacultad de verlo todo negro, según lo ha definido, tan sobria como elocuentemente, uno de los muchos filósofos de pan llevar que en el mundo hay, es el sistema filosófico predilecto de los calamares; ¿qué es la tinta de éstos más que una secreción pesimista? No quiere esto decir que Schopenhaüer fuera un calamar; guardamos un férvido respeto para la memoria del gran filósofo, que, más que pesimista, era un guasón de doble fondo. Pesimistas son, por razón de su oficio, los fabricantes de paraguas, los funerarios y los editores. Los primeros, esperan siempre la lluvia para dar salida á sus productos; los segundos, por idéntica razón, aguardan la muerte, y los terceros, cuando llega la hora de ajustar con un autor el precio de una obra, sueltan á escape la consabida muletilla: ¿Pero usted es que se cree que esto se va á vender? En Chatel- Guyon hay fabricantes de paraguas, pero no hay funerarios ni editores. ¿Comprendéis ahora- -aparte la virtud medicinal del agua- -el por qué de las asombrosas curas de este Lourdes del pesimismo? El medio es propicio, ya lo creo; hay frondas rientes, hay parques de un verde- sordina muy apetitoso, hay un casino, donde las mesas verdes os distraen un poco de los parques y de