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Nt pUüio al i; alfipe tspan ri? o de n caballos marinos, huytr a cf coiidersc para siempre en las más desconocidas profnndidados dü su misterioso reino. Maric se pií? rdc pronto en las lejanías, Y detrás, muchos, nnichísimos más dioses van unícndciseá la caravana ele los desterrados, y e n t r c t o d n s elfos, animriudo la marcha y alegrando la caídan ninfas y nereidas van cantando y baílandn dantas. Los an elitcs. qne e. sián viendo iodo esto, se preguntan con pena: V nuestro amigo? ¿Nos le habrán maiadíj? y íuep; con más tristeza: -I Nosotros que le pusimos alas para que pudiera -cnir- se á la Gloria. P r o pronto aquellas caritas tHíítes y pensativas han vuelto á reír. Cupido, el álo del amor, el má travieso y trraciosQ angelito, ha IK- gado al ancho ventanal de! -Jigiiaf qne el verdadero? -S I igual, igual, para divertirnos mucho. Arrinconó el ángel del amor su aljaba, siis flechas y su arco, í; eTitóí. c ante una me a y empezó á dar órdenes de que le fueran trayendo montones de arcilla y eulws de agua- Todos trabajaban con entujíia. smo loco en aquel mundo que tanto les iba á rL gocijar. y Cupido hacía muñei iiilíts, muchus muuequillos, con la arcilla que le iban trayendo. Unos rcsiillaban pequeñoSn otros excesivamente grandes, aquellos tan tripones qiii: c si ni a- l ecto de figuran humana teuíiin, los otros tan delga liIlos que se Ic escurrían de entre los dedos: y todas estas díablnrai divertían tanto á los d. más angelitos, que C upido más y más exageraba las ridiculas hechuras de sus personajes. Ya finaban su obra, ya iban á echarla á rodaí por el espacio, cuando recordi f Cupido que á sus ügulinas lallábaleá el corazón. desvíin de la Gloria y h a saludado á MT; aúneos con una sonora, de cristaL- -Nos tenías ya muy tristes; temíamos por tu vida. Cupido, sonriendo picarescamente, contesta con un tonillo entre despreocupado y mimdano: ¡Que tontos! Yo soy. como vosoiros. inmortal, -Si, ahora te ríes, pero buen susto nos has d a d o como que debías contarnos algo de las mtichas cosas que has visto para distraernos un poco. -La? cosas del mvmdo son graciosísimas, todas ellas habían de divertiros, pero no es lo mismo el que yo os las cuente á que las veáis vosotros, -P e r o como nosotros no podemos ír al mund o ¡Ay. hemos pensado una cosa! ¿Quieres hacernos tú un mundo para jugar? Y los angelitos dijeron; ¡M e j o r! j Q u í vajan siu corazón! ¡A v t r que pasa! Pues no pasará nada. Tienen que llevarlo, v además, para eso he sido yo el que os ha enseñaiin el modo de hacer un mundo. Como los demás seguían protfístandn acordaron que lodos llevarían eorüzón, y que pasado algún tiempo lo. s habitantes de su mundo volverían y dirianlcs si querían seguir ó no co él. Cupido frotábase sus mancciías. pcn ando que sus muñcquillos no podrían por menos de querer su corazón. Y rodando como loco cascabel, saho al aiul un nuevo mundo absurdo. a B Suenan hrillantcí. triunfales, las voces divinas de las trompas de oro. Da comiendo la audiencia.