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NOTAS TAURINAS también nos decía que pensaba volver por España pronto, pues quería, reanudar sus faenas por las plazas de su país, para lo que decía que se encontraba con más facultades q u e cuando empezaba de novillero. Sabíamos que estaba en Venezuela, y precisamente el día 7, llegó á nuestro p o d e r la fotografía q u e acompaña á estas líneas, firmada en Caracas, con fecha 19 de Dici embre. Muchas han sido las cogidas graves que ha sufrido durante su vida torera y de todas salió con bien, lo que deseamos que le ocurra ahora, pues no menos merece quien lleva quince años de lucha heroica sin haber logrado todo lo que buscó al dedicarse á tan peligrosa profesión. sona de un torero cuyo nombre no estaba sancionado por ella en el cartel. No se nos olvidará nunca la gravísima cogida que el 15 de Agosto de 1896 sufrió en esta plaza el mod e s t o y desconocido banderillero Miguel Cardenal (Verduras) quien por cierto, al cabo de unos meses, en Marzo de 1897, falleció á consecuencia de tal percance en el hospital Provincial. Aquel infeliz banderillero no estaba anunciado en el cartel, y como desde un principio se vio que las cornadas, pues fueron dos, eran tremendas, la empresa pasó aquella noche un mal rato pensando en lo que podría pasar. Sólo tres personas esperamos en la administración de la plaza el parte facultativo facilitado á las nueve de la noche, y á aquellas horas se redactó un aviso y se fijó en diversos sitios anunciando que en la corrida torearía como banderillero el herido. No estuvo mal la viveza para eludir el grave compromiso; pero lo mejor será que, como todos esos cambios se saben antes, se anuncien con la anticipación debida, y que hagan todos por cumplir el reglamento en sus menores detalles. r naban en la tarea de librar á los picadores los espadas y banderilleros. No hay estatura reglamentaria para ser matador de toros, porque para eso lo que hace falta es corazón, y con uno bien templado llega un matador pequeño á todas partes. Sr. D: M. P. R. Silos de Calañas. i A libro índice Taurino se vende en las librerías más principales. Paiva Chico, Corúña. -Los banderilleros no ponen banderillas al quiebro, realmente, porque no lo intentan. El día que saliera uno que sin desplantes, capotazos, carreras y otros preparativos las pusiera, se le aplaudiría, y el público se encargaría de q u e los espadas no se opusieran. Cuando vino de banderillero Guerrita puso muchos pares en tal suerte, y jamás encontró inconveniente para hacerlo. Este despertó á otros que estaban dormidos, y vimos á Mateito, Torerito y algunos más poner banderillas quebrando; bastantes años después, el buen peón y banderillero Aguilita quebró con los palos en las corridas de novillos, con buen éxito, y tras éste no ha venido ninguno que lo haya intentado. Los matadores no quieren que los banderilleros pierdan el tiempo en floreos, pues que la misión del banderillero debe cumplirse pronto y bien; pero si hubiera uno que bien y pronto colocara los palos al quiebro, lo tolerarían, porque á nadie le disgusta llevar en su cuadrilla un diestro por el que tenga el público verdadero interés. Con respecto á las suertes de capa, la misión del peón no es otra que correr los toros para llevarlos al sitio que le indique el jefe de la cuadrilla, y el hecho de cortar ligereza de patas para fijar y parar á las fieras, es de la exclusiva competencia del que las ha de estoquear, pues nadie como él sabe hasta dónde puede llegar y lo que debe hacer. Se critica que los toreros. se coloquen á la derecha ae los caballos en la suerte de varas porque con ello se tapa al toro la salida natural, y se hace que tomen varas los que al tener libertad para escaparse no las tomarían. Pocas son las corridas en que la dirección de plaza merezca alabanzas, y no es porque no sepan dirigii algunos de los que llevan doce y catorce años en el ejercicio de estoqueadores, sino porque no saben hacerse respetar é imponer su voluntad cuando es p ciso. En efecto, está prohibido que se empleen las yeguas para que monten los picadores; pero en muchas plazas se tolera el abuso. Quedan contestados todos los puntos de su pregunta. INSISTAMOS P ara los priireeros días de Febre ro com, enzarán las corridas de novillos, según todos los rumores circulantes, y, para ver si quien tiene la obligación de enterarse se quiere enterar, repetimos un ruego que hicimos al acabar la temporada anterior, y en el caso de que se atienda será señal de que cuando lleguen las corridas de toros van á enmendarse algunos yerros. Casi podíamos afirmar, sin temor á equivocarnos, que en la mayor parte de las corridas de toros celebradas últimamente en nuestra plaza y en todas las novilladas, se ha faltado á lo anunciado en el cartel. Ni por casualidad hemos visto un sólo día á todos los toreros cuyos nombres figuraban en el programa, y, en cambio, han tomado parte otros que ni estaban anunciados, ni de que torearían tuvo conocimiento el púbilico en forma alguna. El reglamento dispone que en el caso de alteración efe programa, se dé conocimiento antes de que la corrida comience, para que de las variaciones sean sabedores los que adquieran billetes, que son los que tienen derecho á exigir el cumplimiento de todos los deberes. La misma empresa debe tener en esto un empeño especial, aunque sólo séá por egoísmo, pues puede algún día sufrir un disgusto serio, por lo que, al parecer, no tiene importancia. Figúrese que en una corrida toma parte un banderillero ó picador que no figura como, tal en el cartel- anuncio que ha sido presentado á la aprobación de la autoridad, y que este picador ó banderillero tiene la desgracia de sufrir una grave cogida que ponga en peligro su vida, ó que sea, en efecto, de fatal resultado. La responsabilidad toda de tal percance será de empresario; porque la autoridad dirá y con razón, que la desgracia ha ocurrido en la per- AVERIGUADOR TAURINO Dos aficionados, Flix (Tarragona) -Matar en la suerte natural es cuando el toro está en los tercios, paralelo á las tablas y dando á ellas el costillar derecho, ¡para que la salida del espada sea hacia el terreno de dentro, ó sea el que hay entre las tablas y el toro, pues la salida natural de éste es para afuera, ó sea hacia los medios. Esto es lo que se llama estoquear en la suerte natural, y hacerlo én la suerte contraria es cambiar los terrenos. Se dice que se lleva la lidia al revés cuando los picadores, para, buscar al toro, llevan los caballos dando el costillar izquierdo á los tableros, pues deben hacerlo á derechas. Se califican de quites dobles á los q ue se hacen dando lances después que se han sacado los toros del peligro, pues el quite debe limitarse á, sacar la res y dejarla en suerte para que vuelva a entrar el piicador, que debe estar preparado. Lo que ocurre es que, desde hace muchos años, se ajjlaude mucho á los espadas en los adornos que realizan con el capote en los quites, y ellos los hacen dobles y hasta triples. Antes hacía los quites el que se encontraba más cerca, y leyendo las revistas de hace cuarenta y cincuenta años, se ve que indistintamente alter-