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s- Ppr eso es, señor, mi pena este día más amarga, porque voy por todas partes buscándolas sin. hallarlas. En vano hallarlas pretendes; vuélvete, niña, á tu casa; ya se acabaron las flores en estas frías comarcas. Las flores en este tierñpo vienen de tierras lejanas, donde los climas templados ton los hielos no las matan, y allá en la ciudad las venden. -Bien lo sé; pero son caras, y j o soy pobre y no tengo dinero para comprarlas. Por eso siempre he corrido los campos donde encontraba esas flores que á los pobres la campiña les regala. Y encontraba frescas rosas, violetas perfumadas, y los acianos azulas, y las margaritas blancas. Y las buscaba yo misma, porque, la verdad, pensaba que cogidas por mi mano más á mi madre le agradan. -Santo es el cariño tierno para tu madre adorada; santo el recuerdo piadoso que a su memoria le guardas; santo el afán con que buscas las flores que la consagras, y por servirte de ofrenda, también las flores son santas. Pero en vano te aventuras ji r la campiña nevada, sufriendo el rigor del cierzo, pisando tus pies la escarcha. En vano buscas las flores para tu ofrenda sagrada; vuélvete, á tu casa, niña, que en el campo no has de hallarlas. Mas no por eso te apures, ni tu espíritu se abata, ni renuncies al deseo, ni pierdas las esperanzas. ¿Quieres para la memoria de tu madre idolatrada flores que no se marchitan, flores qué nunca se acaban? Cultívalas por tí misma en el jardín de tu alma. Es su semilla el ejemplo que te dio tu madre santa; cultívalas, recordando sus consejos y enseñanzas, verás que brotan virtudes como las que la adornaban, que son las flores más bellas y de más pura fragancia, Y cuando el invierno mate todas las de la comarca, ofrécela tus virtudes, y dila: -Madre adorada, comono las tiene el campo... i te traigo flores del alma! C L. DE C. LA FUGA DÉ LA MONEDA ü n la mesa, después de la comids. ó p. u. de ha ceJ: el experimento de la fuga de la moneda. Entre dos monedas de cinco pesetas se. mete una pequeña de dos reales y se cubren con una copa. La moneda de dos reales deberá salir de su encierro sin que sea necesario volcar la copa. Es fácir conseguirlo, arañando repetidas veces con el índice de la. mano el mantel, pues bajo la acción del dedo, la monedita comienza á saltar, acabando por salir de la copa y llegando hasta el alcance de vuestra mano. íd 4 t ML EL HUEVO QUE VUELA e coloca un puchero ó una jarra lleiia de agua encima de la mesa, cubriéndola con un plato. Sobre el plato se procura que se mantenga derecho un cilindro construido con una hoja de cartón, como si fuera un rollo, y sobre él se coloca un huevo. Después, el que hace el experimento se aleja como un metro de la mesa, alargando el brazo en posición horizontal y á la altura del plato. A un cierto punto, moviendo airosamente el brazo, debe describir rapidísi m amente un semicírculo y sujear en su carrera el plato. Resultado: el plato; estará vacío, el cilind. ro en tierra y el huevo habrá desaparecido. Buscando bien lo encontraréis dentro del agua. 1 brusco movimiento del brazo que ha sujetado el plato, ha heeh que el huevo, por la ley de la inercia, haya caído verticalmente en el agua. Claro es. c ue este experimento requiere cierta habilidad, porque si no el huevo no caerá en el interior de la rasiia, sino estrellado contra el pavimenito.