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mmi ER EKsmn íf 4 te PAGINAS FEMENINAS H S CRÓNICA DE PARÍS MIÉRCOLES 1 7 DE ENERO I as visitas tienen un atractivo indiscutible desde el punto de vista de la coquetería. A las señoras que reciben, les encanta que admiren la tenue perfecta de su instalación, llena de detalles que revelan el lujo y la elegancia del que sabe vivir bien, é imprimir su personalidad en cuanto le rodea. Las que van á hacer la visita, buscan, sin duda alguna, el gusto de ser admiradas y la emoción de ver el efecto que producen sus toilettes. Seguramente que no se reduce á esto el placer de frecuentar esas reuniones mundanas; hay otro de más alto vuelo, en el orden afectuoso é intelectual; pero, sobre todos ellos, flota, dejando sentir su influencia en mayor ó mi or dosis, según los caracteres, la satisfacción del coqueteo sencillo y espiritual. Es un defecto tan íntimamente unido á la mujer, que cuando no traspasa los límites de la coquetería espontánea, lógica y sin exceso, se transforma en una buena cualidad. ¿En qué se convertiría el encanto y atractivo de los días de recepción, si fuese preciso suprimir su propia esencia? No critiquemos nada y contentémonos con confesar que la coquetería no ha sido nunca enemiga de la sencillez; por el contrario, muchas veces es inseparable del candor. Una mujer, pertenezca á la clase social que quiera, siempre podrá ser admirada si su manera de vestirse y de presentarse están en armonía con su posición, su edad y su figura. Hay tanta pequenez y tantas monadas, por un precio excesivamente módico, que bastará un poquito de buen gusto y de ingenio para vestirse á las mil maravillas con poco dinero. El vestido para visitas tiene dos géneros: el estilo modista, con cuerpo, ó el tailleur elegante, con casaca. El primero resulta siempre un poco más habillé. Para confeccionar ambos se ha empleado el terciopelo con preferencia á cualquier otro género de tela. El vestido d aprés- midi se hace lo más sencillo que sea posible, respecto á forma, buscando siempre la línea suave y envolvente, cuya nota característica es la pequeña cola, larga y estrecha. Como adorno, se emplean con mucho éxito las bandas de skungs, vison, armiño y putois, cuadrúpedo parecido á la garduña, de pelo negro. Los bordados en seda imitando camafeos, los encajes y las muselinas, también juegan un papel importante. Cada día se generaliza más el talle largo, el cuello muy alto, las mangas menos cortas y las faldas con un vuelo que no nos hubiésemos atrevido á profetizar, á pesar de desearlo muy vehementemente. Estas toilettes necesitan un abrigo de pieles ó una echarpe. El primero será preciso dejarlo en la antesala, si por su tamaño dificulta los movimientos; la segunda, por el contrario, servirá de pretexto para demostrar la gracia elegante, innata en la mujer española. El tailleur de visitas puede ser una toilette muy bonita si se combina con pieles y galones, bastante anchos, de seda. La falda, por supuesto, igual al cuerpo, se unirá por medio de una faja sin caídas, ó con caídas cortas. Algunas veces, cuerpo y falda son de una pieza, formando un conjunto tan de vestir como el vestido d aprés- midi, en cuanto se quite la casaca. El sombrero tiene una importancia extraordinaria, puesto que es el detalle de mayor relieve, y viene á ser fara nosotras algo así como la corbata en la vestimenta masculina. En la vida del gran mundo hay días señalados para los sombreros grandes, alegres y atrevidos, y días predestinados á los tristes y vulgares. Para las visitas, á no ser que los pequeños sean extraordinariamente originales, los grandes tienen siempre la preferencia. De terciopelo negro fruncido, con plumas blancas ó un paraíso, formando aigrette, será siempre elegantísimo y sentará bien á todas las fisonomías. Sólo una imposición de sus dimensiones, contraría á las que ya pasaron de los veinte años; el velillo se suprime en absoluto, para evitar las complicaciones de colocarlo y las molestias que produce cuando llega el momento de tomar el te. CONDESA D A R M O N V I L L E LOS JUGUETES MODERNOS realismo, que El del cerebro deltodo loloinvade, posesionándose niño mismo que del de los sabios, nos priva de ese ambiente, mezcla de poesía y ensueño, que tiene un encanto insubstituible aun por las más bellas realidades. En estos días, los más felices del año para los pequeños, he tenido ocasión de ver lo que se ha adelantado en la fabricación de juguetes. Ahora no hace falta que la imaginación infantil se figure que el caballo de cartón es igual á los que ve en paseo, ni que la muñeca se sienta y se levanta como una señora de verdad, porque el primero es de cartón, pero está cubierto de piel, con su pelo tordo, bracea, como los educados á la alta escuela, relincha y sacude la crin. Las muñecas tienen movimiento en todas las coyunturas, pelo natural, pestañas y cejas; un equipo completo, incluso guantes y pañuelos. La casa de muñecas es un prodigio de realidad. En la mesa de tocador no falta un solo detalle, incluso el estuche de uñas, de plata cincelada. E. i el comedor, hay una vitrina con infinidad de n onerías; el juego de te, vajilla, cubiertos y bandejas, también de plata. En los armarios, ropa de todo género; el cuar- to de baño, con agua caliente