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titiid, que llegaban hasta él formando ensordecedora greguería. (He dicho greguería, y estoy satisfechísimo; habrán observado ustedes que esa palabrita está ahora de moda, y ningún escritor que en algo se estime puede dejar de emplearla por lo menos una vez... aunque no venga á cuento. Subieron las aguas aún más de lo que actualmente han subido los artículos de lujo, como el pan y la carne; siguió lloviendo por espacio de cuarenta días con sus cuarenta noches... Sólo el arca flotaba sobre la inmensa laguna... Y transcurrieron meses... ¿En qué se entretuvieron Noé y sus hijos durante tan largo tiempo? Es cuestión hasta hoy ignorada; pero lo más probable es que se dedicaran á la fabricación de paños, porque, según cuentan los crónicas, desde su embarcación arrojaron prospectos que decían El hiten paño en el arca se vende! Sin embargo, el reclamito no debió de tener gran éxito; ¿para qué querían paños aquellas desdichadas gentes que en paños... menores luchaban contra las aguas? En fin; todo pasó al cabo (al pobre cabo le pasan siempre todas las cosas) y un buen día Jafet, que miraba al exterior por una rendija de las tablas, volviéndose hacia Cam le gritó gozoso: ¡Ya ts- canip a! Lo oyó su señor padre, y entre soltar la carcajada ó soltar una paloma, optó por esto último; pero ia paloma, no encontrando ni una palomilla en que posarse, volvió de vacío, y algunos días más tarde hubo de soltarla nuevamente, cediendo á las súplicas de Sem, que decía: Sem- e ha metido en la cabeza que las aguas han bajado La paloma tornó esta vez con un ramo de olivo en el pico, y los chicos se aprestaron á salir; pero lo impidió Ñoé, quien sabiamente interpretó aquel simbolismo, que significaba: No salgáis aún; bien veis que yo he podido tomar el olivo y, sin embargo, he vuelto. Por ultimo, encalló el arca al pie del monte Ararat, y desembarcó la familia Noé, yendo unos á explorar la llanura y otros á jugar al monte para desentumecer los miembros. El arco iris lucía sobre sus cabezas en señal de paz y de alianza... Desde entonces, no se tiene noticia de que haya habido otro diluvio, más ó menos universal. Y ya que estáis bien empapados en Historia, amables lectores, comprendereis cuan importante es precaveros contra la humedad del ambiente, ó, aunque sólo sea, de la mitad de ella, pues en general no se cita más que el medio ambiente. En los días de lluvia puede usarse el paraguas (y también en los días de sol; pero entonces se expone uno á que le apedreen los muchachos) y si á pesar del paraguas os moiáis. que es lo corriente, no os podéis llamar á engaño: el mismo ombre del artefacto indica desde luego que con él se reciben dos- aguas, la de la lluvia directamente, y la que escurre el paraguas además. En vista de ello, y ante la imposibilidad de que cada cual se construya un arca, ni aun viviendo en el propio Arcachón, no hay más solución que acogerse al impermeable, bien sea de paño sin goma, bien de goma sin paño ¡qué magnífica ocasión para un reclamo, y que carguito me iba á pasar después la administración de BLANCO Y NEGRO! La substan- cia impermeabilizadora que se suele emplear es el caucho; pero, á mi entender, sería más eficaz utilizar los brotes de las plantas; ¿que por qué? La razón es elemental: dichos brotes son y tienen que ser absolutamente impermeables, puesto que, si el agua los calara, las lluvias dejarían de ser lluvias, para convertirse en cala- brotes. Aun en el día más lluvioso y desapacible, arrebujándoos en un buen impermeable, calzando chanclos de goma, protegiendo vuestras piernas con fuertes polainas de cviero, y, por último, no saliendo de casa, tened la certeza de que no os mojaréis. Para vosotras, adorables lectoras, aún deben tener más fuerza mis recomendaciones: el agua, al empapar vuestros vestidos ó el adorno de vuestros sombreros, los aja lastimosamente, y creo innecesario demostrar que no es lo mismo estar asi caladas que estar acicaladas. Si por desdicha os mojáis, procurad secaros lo más pronto y lo mejor posible; pero sin acudir á extremos peligrosos, como sería, por ejemplo, buscarle pendencia á un m a n de oficio, con el fin de que os asestara una cuchillada ó un tiro que os dejara secos; ¡no es para tanto! Ni es recomendable tampoco rociarse con alcohol y prenderse fuego, procedimienti mediante el cual se conseguiría quedar enjuto. Basta simplemente con cambiarse de ropa (al llegarles el turno á los calcetines hay que cuidar mucho de cambiar el par y de ningún modo quebrarlo, para lo cual será bueno avisar al Bomba ó á un revistero taurino) y aproximarse luego á una estufa, una chimenea ó una modesta camilla, procurando que ésta no sea de las empleadas para conducir enfermos y heridos, sino de las que admiten brasero; y si la tabla de la mesa- camilla es cuadrada, muchísimo mejor, porque de ese modo el calor del brasero se eleva al cuadrado. Por último, si, á pesar de todo, os enfriáis y toséis, el remedio es sencillo: buscad la compañía de alguno d esos hombres terribles á quienes no les tose nadie, y en paz. Pero temo que no vais á hacer gran caso de estos sabios y altruistas consejos, porque mientras escribo oigo llover copiosamente, y cuando lleguen á Correos las cuartillas, serán indudablemente papeles mojados, MIGUEL A. CALVO ROSELLO, SllB C;